Sinergias: mucho más

londres 149 Cuando vivía en España trabajaba sola. Era autónoma, freelance, y yo solita debía resolver todas las cuestiones de cada proyecto. A veces me sentía como un hombre orquesta, haciendo un poco de todo. Por suerte, tenía buenos amigos a quienes consultar en caso de necesidad.

Fuera del trabajo, participaba de manera activa en varias asociaciones. En una de ellas, Desata TU Potencial, estaba muy implicada (y todavía lo estoy dentro de lo que la distancia me permite). Fue en estos foros donde aprendí a trabajar en equipo. En mis años de estudiante no era demasiado sociable, especialmente, antes de la universidad y tenía dificultades para desarrollar tareas junto a otras personas, así que solía terminar haciendo trabajos con grupos más que con equipos.

¿Sabes cuál es la principal diferencia entre un grupo y un equipo? Podemos decir que el primero está compuesto por varias personas que obtienen, entre todas, las suma de lo que conseguiría cada una por separado. En un equipo, sin embargo, se logra todavía más. Como fruto de la interacción entre sus miembros, surgen las sinergias, que son los resultados que van más allá de la suma de cada uno.

Vamos a ver algún ejemplo. Piensa en compañeros de trabajo con los que hayas realizado un proyecto, en tus amigos o en tu pareja. ¿Te ha pasado alguna vez que entre los dos resolvéis una cuestión o tenéis una idea brillante a la que no habrías llegado trabajando por separado? Hay veces que uno plantea una cuestión y ésta despierta en otro una apreciación nueva. Solo estando juntos podía surgir.

Casi una semana hemos estado discutiendo sobre un muro conflictivo en uno de los proyectos. Mi compañera y yo solo dibujábamos, pero nos dábamos cuenta de varias cuestiones que no funcionaban. Luego nos reunimos con dos coordinadores, con el jefe y con los chicos del departamento de estructuras. Vino otro coordinador y llegamos a una propuesta entra todos. En este caso fue nuestro jefe quien sentenció la resolución, después de escuchar a los ingenieros de las estructuras que velaban por la estabilidad del edificio y al coordinador que estaba preocupado por la composición de la fachada. Fachada que, por otra parte, no podíamos modificar porque ya tenía el visto bueno de la administración correspondiente.

Y yo me acordé de cuando trabajaba sola. De las vueltas que debía darle a cada cuestión. De que no siempre disponía de todos los conocimientos técnicos que necesitaba. Sentí ternura por esa autónoma que no siempre lo era tanto. Y vi cómo ahora pertenecía a un equipo de trabajo. Ahora es más fácil. Es más cómodo. Aunque no siempre me guste el proceso que seguimos, el protocolo en el despacho, la metodología de trabajo. Y aunque no esté autorizada a tomar muchas de las decisiones para las que me veo capacitada. Mi función está definida. Soy una pieza del engranaje, del sistema que funciona porque todos estamos conectados y que no tendría sentido si cada uno hiciera por su cuenta.

A lo largo de mi vida me he pertenecido a diversos colectivos. En algunos de ellos he sentido que formábamos un verdadero equipo. ¿Dónde has tenido tú esta sensación? ¿Eres consciente de lo lejos que puede llegar un equipo? Quizá no tan rápido como una persona caminando sola, pero sí mucho más allá.

¿En tu grupo de amigos funcionáis como grupo o como equipo? ¿Y con tu pareja (si la tienes)? Cuando dos personas comparten su vida puede suceder que uno más uno sea igual a dos o es posible que sumen, por lo menos, diez. ¿Cuál es tu caso?

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