Hablando de sistemas

MilímetrosCasi cinco meses en Doha y ya estoy acostumbrada al sistema con el que trabajamos en el despacho. No hay grandes diferencias con respecto a las costumbres que teníamos en España, pero alguna encontré, como por ejemplo, utilizar los milímetros como unidades de longitud. Hasta ahora, siempre había usado el metro y ni tan siquiera era consciente. Recuerdo que cuando mi amiga Teresa se fue a vivir a Londres me contó que en el despacho no trabajaban con el Sistema Internacional de Unidades y tuvo que aprender a proyectar con pies y pulgadas.

Por suerte, pasar de metros a milímetros no cambiaba prácticamente nada. Y a veces llegué a discutir con mis compañeros que utilizar una unidad tan pequeña en arquitectura me resulta exagerado. Con el margen que tenemos de error en obra, dos milímetros no van a ningún sitio. Yo, claro, defiendo mi unidad. Y un día dijo nuestro jefe que eso era verdad, pero que los metros tampoco son cómodos porque te obligan a utilizar decimales. La unidad perfecta para nosotros sería el centímetro.

De un modo u otro, me acostumbré a hablar de longitudes en milímetros (con casi todos) y un día colaboré en un proyecto que dirigía nuestro nuevo compañero, que es español. Y, sorpresa… ¡volví a los metros por unos días! Entonces me di cuenta de que podía trabajar cómodamente con ambas unidades.

Este ejemplo es muy simple porque la diferencia de una unidad a otra es el lugar en el que está la coma. Pero sí hay sistemas diferentes que podemos utilizar a la vez. Por ejemplo, los idiomas. Cuando aprendemos una nueva lengua tendemos a olvidar otras que no utilizamos. Tengo la suerte de utilizar el inglés (como buenamente puedo) y seguir hablando en francés. Lo hago con mis compañeros, los ingenieros que calculan las estructuras. Curiosamente, en francés y con las unidades en centímetros. A veces cruzo ambos idiomas o los mezclo, pero en general, voy mejorando con los dos y cada uno queda en su lugar dentro de mi cerebro.

Aprender un método no implica olvidar otro, aunque a veces permitamos que suceda. Relacionarnos con unas personas significa comunicarnos de una manera y con otras, hacerlo de otra. ¿Te has parado a pensarlo? Y somos perfectamente capaces de hacerlo bien con distintos sistemas. A algunas personas les resulta innato, se adaptan perfectamente al registro de la compañía con la que están, adaptan su velocidad, su lenguaje no verbal, incluso… el ritmo de su respiración. Hay quienes traen esta habilidad de serie. El resto, podemos aprenderla. Calibremos cuál es el sistema de nuestro interlocutor y sintonicemos con él o con ella, ¡establezcamos rapport!

En los libros que enseñan habilidades sociales y técnicas de comunicación, enseñan las claves para adaptarse a la otra persona. Imitar sin imitar. Si lo hacemos bien, seremos bienvenidos sin que el otro sea consciente.

Cuando una persona cercana está triste y tiene poca energía, no puedes llegar eufórico, exhibir tu fuerza y decirle, con voz muy alta, “venga, anímate. Ponte alegre. Sé positivo”. Esta forma de irrumpir resulta muy violenta. En lugar de eso, podernos acercarnos despacio, adaptar la altura de la mirada a la suya; el tono de voz al suyo; la postura corporal e, incluso, el ritmo de nuestra respiración. En ese estado, vamos a acompañarlo, vamos a estar con él o con ella. Y cuando se haya creado la sintonía, entonces, poquito a poquito y muuuuy despacio, comencemos a tirar del hilo. Subamos el grado de energía lentamente y notemos si nos sigue. Para hacerlo bien hay que tener práctica, pero todos somos capaces y si le ponemos amor al asunto, podemos llegar a ser verdaderos buenos compañeros de una persona triste. O asustada, o enojada. Siempre, empezando por sintonizar con el registro o sistema en el que se mueve en ese momento.

No sé cómo lo he hecho, empecé hablando de milímetros y he terminado con cuestiones de rapport… ¿me lo permites, verdad?

¿En qué sistemas sueles trabajar en tu vida, en tu trabajo, con tu familia…? ¿Con cuáles te sientes más cómodo? Y no me refiero solo a unidades de medida. Todos utilizamos unas herramientas u otras. ¿Eras consciente?

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