¿Demasiado preocupada por la gramática?

Palabras casaÚltimamente la vida me está concediendo todo lo que pido. Y con creces. Hace unas semanas, me he ha hecho un nuevo regalito que ni siquiera había solicitado. Pero es algo bueno, así que lo acepto como todo lo que llega.

Tenemos un compañero nuevo en la oficina. Es español. Tiene mucha experiencia en arquitectura y es una persona de lo más interesante. Y el regalo es doble porque en unos meses vendrá su mujer, que también es arquitecta y también está muy interesada en cuestiones de inteligencia emocional.

Antes de que tuviera coche, lo acerqué a casa varias tardes. Parecía que lo hiciera porque era amable o buena persona o algo así, pero en realidad lo hacía por la riqueza de su conversación. Sembraba varias ideas en mi mente y yo tenía el camino de vuelta para reflexionar. Los semáforos en Doha son largos. En mi coche sonaban de fondo sonidos orientales que salían de la radio y en mi cabeza resonaban las palabras de Luis.

No sé si lo sabe, pero también relaciona y compara la arquitectura con cuestiones emocionales y de otras naturalezas. Estuvimos conversando sobre lo que significa proyectar y me habló de la intención. Cuando yo comienzo un proyecto me preocupo por la estructura, por la manera en que se va a construir, por los materiales… Y él me hablaba de enfocarse en la intención. De olvidarme de toda esa gramática y proyectar de una manera libre. Como sucede con un idioma. Empiezas a hablarlo bien en el momento en que te olvidas de él. Dejas de preocuparte por utilizar una sintaxis correcta, una pronunciación adecuada y te centras en el mensaje. En la intención.

Todavía no estoy en ese nivel con el inglés. Lo hablo a diario pero sigo buscando el vocabulario y, sobre todo, continúo pensando en cómo monto las frases para no resultar demasiado desastrosa con la gramática. Cuando aprendí francés me sucedió lo mismo. Demasiado preocupada al principio. No fluía. Incluso, dejaba frases a medias para buscar palabras en mi diccionario, dejando a mi interlocutor a la espera. Y, de repente, llega un momento en que tienes tanto control del idioma que te olvidas de que lo estás utilizando.

Y no me he dejado a mí misma que eso me suceda con mis proyectos. Pienso en cuestiones de economía, de lenguaje, de ritmos. Materiales, retículas y estructuras me hablan cuando estoy dibujando, cuando estoy pensando, cuando quiero proyectar. ¿Acaso esa fijación por la materialidad no me deja ir más allá?

No sé si será el momento de saltar y llegar más lejos. O quizá sea esta mi metodología. Además, a mí me encantan las reglas, las normas, los estándares. No lo puedo evitar. Siempre vamos a tomar decisiones, así que mejor si reducimos esas variables a un número pequeño. ¿Cómo? Partiendo de un sistema. Pero sólo como guía, sin obsesionarnos.

Y tú, ¿te fijas mucho en las normas cuando creas? ¿Sigues recetas, instrucciones, “buenas prácticas”? ¿O te dejas llevar, vuelas y te centras en la intención?

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2 comentarios

  1. […] Arquitectura y Emoción Just another WordPress.com site « ¿Demasiado preocupada por la gramática? […]

  2. […] amigo Luis me ha hablado muchas veces de la intención en la arquitectura. Y me resultó curioso cuando me descubrí hablando con Macarena, su mujer, que también es […]

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