¿Dónde está nuestra casa?

20130215_163056¿Que cuánto tiempo pienso quedarme aquí? Pues esa es una buena pregunta.

Cuando emprendemos un viaje –que implique o no una marcha- deberíamos saber cuál es la fecha de regreso. ¿Regreso? ¿Qué significa exactamente? ¿Vuelta al punto en el que estaba antes de partir? Porque si es así, no quiero volver. Señores, me embarco en esta aventura porque algo no funcionaba. O porque quiero experimentar o mejorar algún ámbito de mi vida. Y no, no deseo volver al punto de partida.

¿O quizá, tratándose de un “viaje” como el mío, que sí implica un cambio geográfico, regresar signifique volver a casa? A casa, no al punto de origen.

Y puestos a complicar el significado de las palabras, ¿qué significa “volver a casa”? Supongo que la respuesta inmediata, para mí, sería regresar a casa de mis padres. No he vivido allí desde hace quince años. Y no es por la casa, sino por ellos, por lo que suponen para mí: protección, seguridad y calidez. ¿Es eso a lo que nos referimos cuando hablamos de hogar? ¿Refugio, defensa y calor para nuestra alma?

No tengo pareja ni hijos y mi casa son mis padres. Si vives con tu cónyuge y con tus hijos y tienes una buena relación con tus padres, dime, ¿qué es para ti estar en casa? No creo que se pueda sustituir un hogar por otro. Entiendo que los dos están ahí a la vez. ¿Es así?

Cuando mis padres vengan a visitarme, a pesar de estar fuera de mi país, ¿me sentiré en casa? ¿Y cuando hablo con ellos? ¿Y cuando ni tan siquiera hablo con ellos pero sé que están ahí? ¿Me siento en casa? Pues yo creo que sí.

¿Será, quizá, que tuve una infancia saludable y ahí se forjó una base para mí? Unos fundamentos seguros, un apoyo cálido, un saber que todo va a ir bien y que estoy protegida.

Los padres, el hogar de la infancia, la cálida sensación de protección… No estoy segura de que el que hoy es mi padre y la que hoy es mi madre sean el motivo de esa sensación de pertenencia al hogar. Más bien creo que está en alguna parte de la que yo “soy” ahora y sí se creó por lo que ellos fueron en su momento. ¿A ti te pasa lo mismo?

Por otra parte, a menudo necesitamos identificar nuestro hogar con un espacio físico. Aquí lo llamamos España. Y tenemos una doble sensación: por una parte, “somos de allí” y por otra, “somos del mundo” y ambos sentimientos conviven en armonía. O deberían. Conozco personas que viven lejos de su país de origen y anhelan regresar. Pero al mismo tiempo, cuando van a casa se sienten tristemente separados del lugar que les acoge. Para nuestra salud emocional, aceptemos que nuestra casa está en los dos (o más) lugares.

¿Y por qué hablamos –en este caso- de España? Pues vuelvo a encontrar dos razones. Nuestra historia personal y nuestra historia cultural. Por un lado, hemos crecido allí. Nuestra vida se ha desarrollado en un lugar, con unas costumbres, unos amigos, unos espacios y un sinfín de vivencias ocurridas en nuestro país (en nuestra ciudad, si queremos acotar más).

Y por otra parte, bebemos de una cultura heredada de nuestros padres. Mi madre nació en Francia y siempre se ha sentido española. Claramente. Mis tíos y mi madre vivieron su infancia en Francia, pero estaban en un hogar español. Ellos habían heredado la conciencia de pertenecer a un lugar que estaba lejos de la casa que habitaban.

Para terminar, y sin dejar nada claro, pues solo he parloteado y nada he concluido, quiero dedicar esta entrada a todas las personas que no se criaron en un hogar cálido y que no sintieron en su niñez la seguridad y  protección que todos deberíamos tener en la infancia.

La buena noticia es que el ser humano tiene una capacidad para recuperarse de todo, la resiliencia. Y no lo digo yo. Lo dicen los psicólogos y psiquiatras que escribieron los libros que he leído sobre esta cuestión.

Hay niños que no reciben suficiente amor en la edad más temprana. Algunos, que crecieron en un campo de concentración y los hay que sufren abusos de distintos tipos. Y esto es muy duro y  complejo, puede dejar secuelas para el resto de sus vidas. Problemas de seguridad, de autoestima, falta de capacidad para recibir y regalar ese calor de hogar que ellos no vivieron en su momento. ¡Y también pueden recuperarse! Aceptar que aquello fue así y que ellos pueden crear un hogar en su propio interior. Rescatar el niño o la niña que fueron e invitarlo a esta nueva casa.

En los últimos años he visto cómo dos personas muy cercanas a mí han construido su propio hogar. No tuvieron todo ese amor en la infancia que construye una casa cálida donde uno siempre quiere regresar. Y ellos han sabido elaborarla. Crecer. Querer y quererse.

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4 comentarios

  1. […] a sentirme cómoda y relajada. De alguna manera, habituada a esto. No obstante, esa sensación de estar en casa, ese calor de hogar, es algo que añoro. Y resulta que también nos gusta lo conocido, nuestras […]

  2. […] sí, respondiendo a las dudas que tenía sobre dónde está mi hogar, mi hogar está allá donde se encuentre mi familia. Y sigue existiendo a pesar de la distancia, […]

  3. […] sus colores. Me sentía cómoda. Y me siento, ahora que he vuelto. Pero las dos semanas en casa, en mi casa de allí, pues todos tenemos varias, me han ayudado a […]

  4. […] menos España, me he puesto a pensar cómo será la vuelta. En todo caso, el regreso no será una vuelta a casa. Habrá que inventar una nueva etapa. […]

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