Roles y contextos

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Hace unos días fuimos a ver el partido de España. La Selección jugaba un amistoso contra Uruguay. Fue todo un acontecimiento. En esta ciudad no hay demasiada oferta de actividades y que vinieran los campeones del mundo se convirtió en el evento de la semana.

Fui a verlo con mis amigos de la oficina. Entre ellos, nuestro coordinador, que es quien dirige los proyectos, nos corrige y nos enseña. De nuevo, compartimos con él unas horas fuera del trabajo y me gustó su forma de relacionarse con nosotros.

Cuando estamos en el despacho él es quien nos lidera. Nos marca los tiempos, nos distribuye el trabajo. Sabe motivarnos. Nos refuerza cuando lo hacemos bien y alguna vez, también nos reprende. Mis compañeras, que son más jóvenes alguna vez le han colocado la palabra “Mister” delante del nombre. A nosotras nos hace mucha gracia, pues en el despacho no hay tantos formalismos. Solo a Mister Halimi nos dirigimos así. Pero claro, es el jefe y es más mayor. E impone.

El caso es que cuando nos relacionamos con él fuera del despacho se dirige a nosotros en un perfecto tono de amistad, dejando las “jerarquías” dentro de la oficina. A mí me inspira mucho respeto y sin embargo, fuera, como el día del fútbol, me dan ganas de gastarle bromas. Quería que ganara Uruguay y le avisé que en cada gol que marcara España le iba a golpear la cabeza con la mano hinchable que tenía con la bandera de España. Para no ser pesada, solo lo hice con el primero.

Y de paso, aprovechando esa mano gigante, bromeé con ellos y les dije que así sí que les podía tocar. Aquí la distancia social es mayor que España. Y entre hombres y mujeres no se suelen tocar. Al principio de estar aquí, si iba a preguntarle alguna duda a un compañero que estaba trabajando y yo llegaba por detrás, lo que me nacía era tocarles el hombro. Me costó aprender a no tocarles. Una cuestión cultural. Así que ese día me enfundé la mano de España y aproveché para tocarles el hombro alegando que ahora sí podía.

El caso es que la actitud de nuestro coordinador me recordó que hay personas que actúan muy bien y se adaptan a cada situación. Y recordé un ejemplo que siempre tengo presente: mi amigo Rafa. Es el coordinador del voluntariado en mi asociación, en Desata TU Potencial. Es una persona realmente especial. Bueno con mayúsculas. Siempre bromea con nosotros, es cercano y tiene mucho sentido del humor. Ahora bien, cuando imparte el curso de Formación de Formadores o algún taller en la asociación, sabe hacerse respetar a la perfección.

Si pienso en la relación de los padres con sus hijos, se me ocurren muchos casos donde la figura del padre o de la madre es demasiado autoritaria. Y otros, en que se excede en colegueo. Ahora bien, puedo pensar en una gran cantidad de padres que saben ejercer su papel en cada momento. Son próximos y cercanos a sus hijos, les transmiten confianza y no por ello pierden autoridad.

Yo no siempre he sabido ejercer autoridad cuando una situación lo requería y algunas personas no me han respetado como deberían. Otras, me he mantenido demasiado firme en un contexto lúdico. Es difícil adaptarse al entorno y a la situación. ¿Cómo lo haces tú? ¿Te resulta fácil? Creo que voy a seguir trabajándolo. ¿Tú también?

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