Tareas grandes y tareas pequeñas

Diwan emiriPoco a poco me voy adaptando a mi nuevo trabajo. Supongo que cambiar de país, de oficina, de tipo de proyectos y hasta de cultura, requiere su tiempo. Pero proyectar es proyectar y siento que cada vez sintonizo más con mis nuevas responsabilidades. He descubierto que cuando me ocupo de una parte del proyecto que requiere unos días de trabajo, me concentro mucho y consigo niveles altos de productividad. Sin embargo, cuando las tareas son pequeñas y debo hacer modificaciones breves en algún plano, me disperso con facilidad.

Cuando era autónoma tenía dificultades con los proyectos y me costaba mucho empezar. Esto era porque cada nuevo encargo suponía mucho trabajo y no sabía ni por dónde cogerlo. Entonces tendía a procrastinar, aunque entonces no sabía de la existencia de esta palabra. Cuando me di cuenta de que retrasaba mi trabajo, me distraía con facilidad y cualquier tarea me alejaba de mi cometido, busqué ayuda (le pregunté al señor google). Para empezar, descubrí que era mucho más habitual de lo que yo creía. No solo me pasaba a mí. Sentí un ligero alivio (mal de muchos…).

Seguro que a ti te ha pasado alguna vez. Tienes que hacerlo, tienes que hacerlo y te dedicas a martirizarte porque la tarea está pendiente. Y dedicas mucho más tiempo y energía a sentir el fastidio del trabajo por hacer de la que supondría concluirlo.

Y hay varias razones para tener esta actitud. Una de ellas es el miedo a enfrentarse a la tarea y/o el miedo a concluirla. Ese no era mi caso. Influía el grado de motivación. Y el hecho de postergar se podía convertir en un hábito (como también puede hacerlo la costumbre de hacer las tareas ya). Y, por fin, descubrí la causa de mis males: veía tan grande cada proyecto que me sentía agobiada antes de empezarlo. Para esto hay una solución muy sencilla. Como dice mi amigo Emilio, “si no te puedes comer el elefante entero, hazlo filetes”. Y a ello me dispuse. De todo lo que significaba un proyecto, normalmente, para una vivienda, lo dividí en partes. Cada una seguía siendo grande, pero más abarcable que antes. Aprendí a organizar en mi agenda qué tiempo asignaba a cada una de esas partes y luego las volvía a dividir, en filetes. Cuando tenía ante mí uno de ellos, me olvidaba del resto. Totalmente. Me habría asfixiado pensarlo. Como cada ración de trabajo estaba acotada, me resultaba sencillo enfrentarme a ella y dejé de postergar.

Con la misma filosofía corrí un medio maratón (mi mayor logro deportivo hasta la fecha). Si hubiera pensado en los veintiún kilómetros que tenía por delante me habría cansado antes de empezar. Yo me limitaba a dar, cada vez, un paso más y así disfruté de todo el recorrido.

Luego aprendía a agrupar las tareas pequeñas, como llamadas, correos, etc. Se apuntan y se atienden todas. Una detrás de otra. Sin dejar ninguna para mañana, por incómoda que resulte. Y así fui gestionando cada vez mejor mi tiempo.

Y ahora siento que vuelvo a empezar. Me encuentro en un nuevo contexto. Con un método de trabajo que nada tiene que ver con mi anterior autoempleo. Con un equipo de personas y con un sistema establecido. Y por otra parte, con un tiempo para mi vida personal claramente delimitado. Quiero aprovecharlo, tanto cuando estoy en la oficina como fuera de ella. Se me escapan las horas. Y es el momento de retomar mis viejas herramientas. De apuntar mis tareas semanales como antes. De volver a organizarme.

¿Y tú, te organizas bien? ¿Aprovechas tu tiempo? ¿Procrastinas? ¿Postergas tareas? Te propongo que establezcamos un compromiso. Tú y yo. Aprovechar mejor el tiempo y, a partir de este preciso momento, no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. ¿Te parece?

Anuncios

4 comentarios

  1. Geles tan genial como siempre. Mil besos

    1. Gracias, Natalia. Y hablamos, que nos tenemos que poner al día. Ahora ya estamos localizadas.
      ¡Un beso!

  2. El tema de la gestión del tiempo es un mundo en sí mismo. Como bien dices procrastinar es nuestro peor enemigo.
    La media maratón puede ser un gran reto, pero con buena compañía y una buena cena después se lleva mejor 😛

  3. ¡Pape!

    ¡Hola!

    Pues con buena compañía y con una cena divertida después queda un recuerdo estupendo. Uno de esos tesoros que guardo en mi mochila y llevo conmigo.

    Un abrazo fuerte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: