Incertidumbre

Decisiones. Actos. Responsabilidad. A lo largo de nuestros días elegimos y procedemos. Tanto en nuestro trabajo como en nuestra vida personal llevamos a cabo multitud de acciones y cada una de ellas tiene consecuencias.

¿Somos conscientes de ello? ¿Obramos con responsabilidad? Y lo que hoy me inquieta, ¿lo hacemos con seguridad? Cuando empecé a ejercer mi profesión había una parte de mi trabajo que me turbaba: calcular las estructuras. En las dos o tres primeras casas subcontraté esta partida pero enseguida decidí que formaba parte de mi trabajo y, además de ocuparme de diseñarlas, yo misma me encargaba del cálculo. Cuatro asignaturas anuales de cálculo de estructuras, otras tantas de construcción y un cursillo para aprender a manejar un programa informático. ¿Te da seguridad esa formación? No lo sé. Pasé por momentos en los que estaba tranquila pero eran una minoría. Me sentía como la conductora de un autobús de niños: un fallo mío podría tener consecuencias fatales. Y sin llegar a ese punto de catástrofe, equivocarme en la estructura podía suponer un desperfecto en una edificación con un coste muy elevado para mis clientes. ¿Y qué clase de profesional tiene fallos que paga el cliente?

Poco a poco fui gestionando la angustia que me generaba esta responsabilidad. Las viviendas se construían según los planos de pilares y vigas que yo preparaba. ¡Y todo salía bien! Es cierto que trabajamos con coeficientes de seguridad muy altos. Que mayoramos las cargas y minoramos la resistencia de los materiales. Un pequeño fallo podría ser absorbido por esta holgura que nos dejamos para estar en el lado de la seguridad.

Han pasado unos años y he aprendido a trabajar las estructuras con una cierta seguridad. Hace poco soñé una noche entera con una pero fue una cuestión puntual. He aprendido a hacerlo con firmeza.

Necesitamos avanzar sin que nos tiemble la mano. La duda es peligrosa. Cuando conducimos nuestro coche, ¿qué pasaría si fuéramos pensando “¡ay, a ver si lo hago mal… a ver si me equivoco!”? El titubeo no nos deja fluir. Imagina que estás bajando una escalera a una cierta velocidad. Tu mente ha calculado la altura (contrahuella) y anchura (huella) de cada peldaño y lo haces con una exactitud milimétrica. Cuando vas por la mitad, ¿qué pasa si supervisas conscientemente dónde pone tu pie izquierdo?

Lo mismo le suceció a un animalito. Cuentan que una golondrina se paró a hablar con un ciempiés que iba de paseo y le preguntó “amigo ciempiés, ¿qué pie moverás a continuación?” Éste no solo no supo qué contestar. Y lo peor de todo, se quedó paralizado, sin saber cómo continuar su marcha.

Es necesario confiar en que nuestros cien pies sabrán moverse porque los tenemos entrenados. Ser consecuentes y responsables con nuestros actos. Pero sin dudar demasiado. Es más, sabiendo que alguna vez podemos fallar y tropezarnos.

Creo que es necesario saber vivir con un grado de incertidumbre. ¿Cómo lo consigues tú?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: