Con el alma en obras

¿Has tenido alguna vez tu casa en obras? ¿Y tu lugar de trabajo: la oficina, la tienda o quizá el restaurante? Pues sabrás todas las molestias que conlleva y cómo una intervención en un punto afecta a todo el conjunto.

Para empezar, se genera una suciedad que alcanza todas las superficies. Aquéllas a las que afecta la obra directamente y a las que no, donde llega el polvo de una u otra manera. Además, las entradas y salidas del material, la herramienta y los operarios hasta llegar al lugar de las obras va dejando un rastro de arena, pisadas y probablemente algún golpe en la pared, el pavimento o los muebles.

¿Lo has experimentado alguna vez? Y otra pregunta, ¿en alguna ocasión has tenido obras en el alma? Seguro que sí. Todos hemos vivido alguna reforma profunda. Empezar o terminar una relación son situaciones que modifican el estado actual de nuestra alma. Cambiar de vivienda, tener un hijo, mudarse a otra ciudad o comenzar en un nuevo trabajo son reformas de cierta envergadura en nuestra vida. Son momentos de cambio y, queramos o no, nuestro subconsciente y nuestra voluntad trabajan para normalizar la nueva etapa que comienza.

Y de la misma manera que sucedía en nuestro hogar, la reforma conlleva unas ciertas incomodidades en las otras áreas de nuestra vida. Por mucho que intentemos preservar las habitaciones donde no hay reformas, llega el polvo de las obras. Así, si terminamos una relación, durante un tiempo no tendremos toda la energía ni la capacidad de concentración para dedicarle a nuestro trabajo. Y el humor con el que nos dirijamos a nuestros amigos y familia probablemente tenga salpicaduras de cemento.

Si nos trasladamos a otra ciudad y además, esta mudanza implica un cambio de vivienda y, en muchas ocasiones, de puesto de trabajo, necesitaremos un tiempo para organizar la partida. Hay que cerrar una etapa. Pensar en lo que llevaremos con nosotros, dejar nuestra casa, despedirnos de nuestros seres queridos… Y esto implica mucha energía. Energía que no tendremos disponible para nuestras actividades diarias. Es normal que no tengamos la misma dedicación a nuestras ocupaciones habituales. Claro, estamos de reformas. Y mientras pensamos en el color de los nuevos azulejos, pues no podemos dedicarnos a tener impolutos los dormitorios.

Y estas obras no solo nos afectan a nosotros, sino que van mucho más allá. ¿Has vivido los ruidos de una reforma vecina? Pues también te afectarán, de alguna manera, los cambios en una persona cercana. En estas situaciones, seamos comprensivos. Démosle tiempo a esa persona que queremos, que está pasando por un momento de cambios y que no puede dedicarnos toda la energía que le gustaría. Seguro que cuando acabe esas reformas vuelve a ser quien era. Más crecido/a, seguro. Y también nos beneficiaremos de la amistad y el amor de una persona más madura y experimentada.

Entonces, ¿estás de acuerdo en que nuestra alma pasa por momentos de cambio, de reforma? Y es normal que dediquemos una gran parte de nuestra energía a las variaciones que están teniendo lugar. Y si alguien de nuestro entorno pasa por ahí, aceptémoslo y démosle tiempo. Es más, podemos acompañarlo/a emocionalmente de una forma tan discreta que casi ni se de cuenta.

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2 comentarios

  1. Si, Geles…existen reformas en el alma…como en nuestras casas…
    ojala existiera un proyecto para esas reformas con un 3D que te permitiera ver el estado final de ésta!!
    Un abrazo, Sara

    1. ¡Sí, Sara! Ojalá pudiéramos dibujar y visualizar esas reformas con tanta facilidad como lo hacemos con nuestros proyectos. Los caminos al autoconocimiento y la gestión emocional no siempre son sencillos. No obstante, ¡los recorreremos!

      Un beso fuerte,
      Geles

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