¿Con quién vives?

De una vivienda a un hogar. He hablado tantas veces de lo que esto significa y nunca me canso. Como siempre, lo más importante de una casa son las personas que la habitan, que la hacen y que le dan sentido. En este caso, tú mismo/a. Piensa en la persona o las personas con las que compartes tu hogar.

Yo salí de casas de mis padres con dieciocho años, cuando fui a estudiar a Valencia, pero no viví sola hasta los veintiséis y fue una experiencia totalmente nueva. La sensación que percibí fue algo así como de “poder”. No había normas ni reglas. Bueno, sí, las que yo establecía. Pero esas no contaban.

Cuando compartí piso con unas compañeras de la universidad y cuando viví, después, con mi hermano, ya gozaba de un alto grado de independencia. Pero vivir uno solo es diferente.

Conforme pasa el tiempo te vas adaptando a tu casa y tu casa a ti. Y se crea un vínculo especial con los espacios. Una relación sobre la que solo yo decido. Creo.

Cuando hablo con amigos que también viven solos comentamos la posibilidad de que hayamos desarrollado, quizá, demasiadas manías y vicios. Y nos planteamos las posibles dificultades que podríamos tener en el futuro para vivir en pareja o para compartir un hogar con otras personas.

Cuando charlo con mis amigos que viven con su pareja o con su familia, la mayoría confiesa que no sabrían estar solos. Incluso, nos admiran por disfrutar de esa elegida soledad.

Hace poco tiempo tuve visita. Mi amiga Carmen vino a pasar unos días. Es en esas ocasiones en las que percibo las ventajas de compartir un hogar con otras personas. Una tarde salió y yo llegué antes a casa. Preparé la cena con mucha ilusión, estaba esperando a alguien y tenía la sensación de que era fin de semana dentro de un martes. Ya no recordaba esos pros de vivir acompañada.

¿Tú has probado las dos opciones? Vivir solo/a y en compañía. Bien sea tu pareja, tus padres, miembros de tu familia o compañeros de piso. ¿Cuál de las dos prefieres? No sé si yo puedo opinar porque llevo tanto tiempo conmigo misma y me siento tan bien así que me parece lo normal y, casi, la única opción. No obstante, creo que tiene más ventajas vivir en buena compañía que estar un/a solo/a (que también es una buena compañía). ¿Tú qué opinas?

Somos seres sociables y necesitamos afecto. ¿Qué mejor manera que tenerlo dentro de casa? Ahora bien, seamos cuidadosos porque huir de la soledad nos puede abocar a elegir compañías no adecuadas. Y esto no es una buena opción en absoluto.

Mi conclusión (y que cada uno extraiga la suya) es que solo se vive estupendamente y que con buena compañía, todavía mejor.

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2 comentarios

  1. He vivido sola, con pareja y en familia, en los dos primeros casos he vivido bien pero curiosamente en las dos situaciones he echado de menos momentos de la otra situación… Que lío… Pero es así… llegué a pensar que lo ideal era “unos días en tu casa y otros me voy a la mía” y así vivía sola pero en compañía cuando quería… ¿Egoísta? Puede, pero esto tampoco duró mucho tiempo tampoco fue lo ideal… hora vivo

    1. Jeje, Natalia, no se me había ocurrido la opción de ir alternando. Así obtienes los beneficios de ambas opciones.
      Gracias por tu aportación.
      Un besito

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