Tendencias…

A lo largo de los años he aprendido a diseñar viviendas. Mis profesores, mis lecturas, muchas sugerencias y la experiencia me han ido indicando cómo hacerlo de la mejor manera. El caso es que cuando proyecto tengo ciertas tendencias con las que no siempre conseguiríamos los mejores resultados. Con la formación he ido aprendiendo cuáles escuchar y cuáles no. No sé si son innatas o aprendidas en algún momento. Lo que sí sé es que están ahí. Por ejemplo, tengo una atracción a crear espacios muy abiertos y ventanas muy grandes: enormes cristaleras que ocupen, a veces, fachadas enteras. Pero luego necesito plantearme si estos ventanales funcionarán bien o no. Por ejemplo, a Oeste no resultarían prácticos. Entonces abandono esta tendencia y cierro esas fachadas con muros.

Cuando tú realizas alguna actividad, ¿tienes ciertas tendencias que no siempre resultan beneficiosas? Por ejemplo, si estás cocinando, utilizar mucho un ingrediente determinado. Si eres profesor o monitor, ¿tiendes a enseñar siempre con un mismo tipo de ejercicios? Y si lo tuyo es el diseño o la pintura, ¿estás tentado a utilizar más ciertos colores?

Pues me he dado cuenta de que arrastramos una serie de tendencias hacia determinadas emociones. Bueno, en realidad mi amigo Rafa me ha ayudado a darme cuenta. Te lo voy a explicar con mi propio ejemplo y así tú podrás observarte y darte cuenta de cuáles son tus tendencias. Yo me considero una persona con una conducta alegre, entusiasta y jubilosa. El caso es que no siempre ha sido así. He llegado a estos comportamientos tras muchos años de trabajo. Y en ocasiones me invade un halo de tristeza y me asusto. Siento que vuelvo a ese estado de añoranza que me resulta tan familiar. Y temo que el trabajo de todos estos años para lograr esos estados de ánimo positivos no han servido de nada, me noto en el punto de partida. Y me veo envuelta por emociones grises.

¿Esto qué significa? Significa que, en primer lugar, todos experimentamos todas las distintas emociones en los diferentes momentos de nuestra vida. Primero es necesario aceptar esto como algo natural. Todas las emociones. Incluyendo las más “feas” como la tristeza, el miedo, o el rencor. Forman parte de nosotros y las experimentaremos.

En segundo lugar significa que, en mi caso, existe una tendencia natural a la tristeza y a la melancolía. Y de vez en cuando vendrán a visitarme. Por haber trabajado mucho mi registro emocional, esos encuentros serán muy esporádicos. Pero seguirán apareciendo. Una vez que lo comprendo y lo acepto, les abriré la puerta cuando lleguen. Sin pensar que la alegría y el contento han desaparecido para siempre. Y me permitiré estar triste y apesadumbrada durante un determinado tiempo. En ese instante no estoy obligada a reír, a saltar ni a demostrar a nadie mi júbilo. Lo interesante es que yo en algún momento decidí que esas emociones no serían las protagonistas de mi vida y no permitiré que se queden demasiado rato. Solo el necesario. Sin regodearme. Las saludaré, y les serviré un té. Luego me despediré de ellas y la alegría volverá, sin forzarla, porque la he alimentado durante años y porque pienso seguir haciéndolo.

Sé que la tristeza tiene un lado positivo. Nos ayuda en momentos de duelo. Y en muchas ocasiones dispara nuestra creatividad. Yo he escrito mis mejores textos en momentos de pesadumbre. Y, en definitiva, conozco mi atracción por ella así que le permito venir de vez en cuando pero sin que se acomode en mi casa. Paso un rato con ella y después, educadamente, la acompaño a la puerta para que vuelva a salir.

Ahora que he entendido esto no me asusto cuando me siento apenada. Incluso, aunque no encuentre motivos para ello. Sé que mi alegría no se ha ido para siempre. Es más, el entusiasmo querrá volver a casa porque siempre ha sido un invitado de honor. No me da miedo que se ausente algunas ocasiones. Sé que regresará.

¿Y tú? ¿A qué emociones tienes tendencia? ¿Quizá al miedo? ¿Al enfado? ¿A alguna otra? No les des la espalda. Es mejor que alimentes otras emociones (las positivas) y sepas que las de siempre te harán una visita de vez en cuando. Permíteles pasar, pero que no traigan equipaje. Un encuentro cortés y luego las despides amablemente. Verás que pronto vuelven esas emociones buenas a las que llevas tiempo alimentando.

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