¿A gusto de casi todos?

En arquitectura creo que podemos hacer una clasificación de dos tipos de proyectos: los que acomodan a casi todos, discretos, funcionales, cargados de una belleza suave y sutil y los controvertidos, singulares, polémicos. Estos últimos suelen ser más vistosos y cuentan con un gran número de seguidores y otro tanto de detractores. No te dejan indiferente.

Con las conductas de las personas sucede lo mismo. Por supuesto, me refiero a dos polos. Entre una obra o un comportamiento discreto y otro extremo podemos decir que existe toda una gama de puntos intermedios. Para entendernos mejor, utilizaremos los dos casos límite.

Cuando cursaba el proyecto final de carrera hice una corrección pública en clase. El profesor realizó una crítica hostil con ese tono agresivo y humillante que utilizaba con muchos alumnos. Me dijo, con tono jocoso, que en la vida los puntos medios estaban muy bien. No ser demasiado alto ni demasiado bajo. Ni muy gordo, ni muy flaco. Pero en la arquitectura había que posicionarse. El fallo del que me acusaba (más a mí que a mi proyecto) era de querer agradar a todos y ni impactar. Y que mi proyecto no le emocionaba. Según él, un buen proyecto debía agradar mucho a unos y tener un fuerte rechazo por parte de otros.

Ya han pasado años desde aquella anécdota. Y yo sigo diseñando espacios que agraden y sean cómodos para la mayoría. Que cumplan con la funcionalidad, con la estética, la eficiencia energética y que resulten confortables a un gran número personas. Aunque no originen controversia. Me siento cómoda proyectando de este modo y noto que lo “estoy haciendo bien”. Los mismos principios utilizo en mi vida diaria, en la manera de entablar relaciones, con mi forma de expresarme y con mis proyectos personales.

Leí en algún sitio que es más eficaz ser como el susurro de un arroyo que como el estruendo de un trueno. Me guío por esta premisa. Y me siento en equilibrio. No obstante, admiro ciertas obras de arquitectura emblemáticas, cargadas de arrojo y muy polémicas.
¿Y tú, cómo sueles actuar? ¿Tienes comportamientos discretos? ¿O más bien te sueles posicionar en los extremos? ¿Sueles caer muy bien o muy mal o, simplemente, gustas de un modo sutil?

No me atrevo a decir que una postura sea mejor que otra. Pero sí sé la que a mí me funciona. Me encanta el equilibrio, los puntos medios. Y sé que a veces mi conducta puede resultar aburrida y demasiado… “normal”.

En los proyectos procuro no arriesgar. Considero que no podemos jugar con las casas o los edificios de otras personas. Un cierto arrojo con los espacios, los colores, la forma o la distribución, está muy bien. Pero en su justa medida. Los arquitectos no somos quienes para poner en práctica ideas desmesuradas que se construirán con el dinero de otras personas. Directamente de un cliente o indirectamente, con fondos públicos, pero el tema de la economía en la construcción como responsabilidad del arquitecto lo trataremos otro día.

¿Y tú, qué opinas? ¿Qué somos artistas y debemos crear obras vanguardistas, llamativas y novedosas, a cualquier precio? ¿O, más bien, que debemos ser suaves, discretos y responder de una manera sensible a las necesidades del cliente?

¿Qué haces en tu profesión? ¿Y en tu vida? ¿Suenas como un trueno o más bien como un arrollo?

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