Síntomas y patologías

Para empezar con el tema voy a poner un ejemplo muy habitual de afección en las construcciones: las humedades, las temidas humedades. En muchas ocasiones me han hecho consultas porque surge una humedad, la limpian o la pintan y vuelve a salir. Normalmente me lo cuentan muy indignados porque esto ya lo “solucionaron” con un estupendo barniz que “arreglaba” el problema pero no… ahí volvía a salir.

¿Cómo vamos a llamar a esa humedad? ¿Patología? ¡No! La vamos a llamar síntoma porque es el aviso, el mensajero de la verdadera patología. ¿Y cómo llegaremos a la raíz del problema? Mediante ese síntoma, que lo vamos a hacer nuestro aliado y que nos va a guiar hasta la verdadera dificultad. Si nos empeñamos en limpiar el moho que origina esa agua y a repintar una y otra vez es posible que nunca descubramos una fuga de agua o un fallo en la impermeabilización de la cubierta.

Eliminar el síntoma poco soluciona pues la dificultad se manifestará de otra manera o por otro sitio. Seguimos nuestra humedad, por ejemplo, en una pared. No nos gusta nada que se vea la mancha, que se desconche la pintura. Queremos erradicar ese problema que creemos que es la mancha de humedad. En lugar de observarla, ver por dónde está, hacia dónde avanza, etc. hasta que nos lleve a la fuga de agua, nos empeñamos en eliminarla. Muy bien, imaginemos que nos recomiendan una pintura estupenda y nos cuentan que con ella no vamos a tener más problemas de humedades. Y así es, la humedad no vuelve a salir por esa pared pero la fuga sigue existiendo y por otro sitio avanzará. Y como no se manifiesta este síntoma, el agua irá perjudicando el tabique en todo su conjunto. Bueno, en casi todo porque la cara que vemos de la pared está impoluta desde que aplicamos la maravillosa pintura que nos “solucionó” la humedad.

Cuidado con esto. A menudo detectamos una dificultad en nuestra salud física, en nuestro cuerpo y nos empeñamos en eliminarlo. La fiebre es un síntoma de varias posibles enfermedades y nuestro cuerpo, que es muy sabio, eleva su temperatura para que el sistema inmunitario trabaje mejor. ¡No te tomes una pastilla para bajarla! Y lo mismo con tantos otros síntomas. Si te duele la cabeza quizá convenga que nos preguntemos por qué. Es posible que nuestro cuerpo nos esté avisando de que algo no va bien, que necesitamos descansar, que somatizamos una emoción, que no estamos comiendo correctamente, etc. Los buenos médicos no se cargan los síntomas, sino que los utilizan como guías hasta la patología y es ahí donde hay que actuar.

Si no soluciono la fuga de agua seguirá ocasionando desperfectos y es posible que se manifieste con diferentes síntomas cada vez que erradico uno de ellos. Si tengo una infección en mi cuerpo y trato los síntomas aparecerá uno tras otros sin solucionar el verdadero problema.
Y lo mismo sucede con nuestro comportamiento. Escuchemos los síntomas. Si tengo un apetito irregular, si duermo mal, si experimento ciertas molestias en mi cuerpo, en lugar de erradicarlas, tomar somníferos, calmantes, etc. ¿por qué no observo bien todas esas señales y dejo que me guíen hasta la verdadera dificultad? Una vez que la tenga identificada (gracias a esos síntomas) podré hacerle frente e, incluso, pedir ayuda para solucionarlo. Propongo que a partir de hoy seamos amigos de nuestros síntomas, que los escuchemos y que nos dejemos guiar por ellos.

Anuncios

8 comentarios

  1. ¡Pero que reartista es mi chica! me encantan tus “maridajes”. Que el síntoma sea nuestro guía… Tenemos trabajo.
    Besitos Geles

    1. Gracias Natalia. Sí, tenemos trabajo, pero ya lo hemos empezado y va a valer la pena!!
      Un beso fuerte

  2. Muy buena analogía Geles, enhorabuena es una brillante reflexión.

    1. Gracias Fernando. Lo que aprendemos en pnl yo lo veo en la construcción y entonces, lo entiendo perfectamente, jeje.
      Un abrazo fuerte

  3. Fantástico! Me parece una metáfora estupenda y te pido permiso para aplicarla alguna vez, tanto con clientes como with myself, jeje!
    El aceptar y escuchar los síntomas además de practico y pedagógico con el cuerpo creo que es una primera seña de amor y aceptación a si mism@ al estilo E. Fromm.
    Muchas gracias Geles. Besos.

    1. Totalmente de acuerdo, Alberto. Es un síntoma de amor y aceptación. Y puedes usar esta metáfora y otra en la que también pensé: la de las grietas. Cuando descubrimos una nos ponemos de mal humor y queremos taparla. ¡Cuidado con las grietas! Que pueden tener muchas causas. Si, por ejemplo, son originadas por un asentamiento del terreno, la propia estructura se ha reajustado (recolocado) y no pasa nada, son como una cicatriz. Si se deben a una disfunción en la cimentación, ¡cuidado con taparlas! Nos están avisando de un peligro… no sé si me explico. Lo hablaremos en clase.
      Un abrazo

  4. Bernardo Ortín Pérez |Responder

    Me parece un análisis excelente. Me sentí identificado con el tipo de problema y con el enfoque de la solución. Así da gusto dar clases, porque los participantes al curso hacen crecer la materia.
    Enhorabuena Geles.
    Bernardo Ortín

    1. Muchas gracias Bernardo. Cuando escribo algo que he aprendido en clase, me da mucho pudor que me leas. Tengo la sensación de simplificar demasiado algunas cuestiones. Incluso, siento un poco de miedo por si lo hago mal. Tu opinión es muy importante para mí. Gracias.
      Un abrazo fuerte,
      Geles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: