Deformación profesional

Un domingo más y, hoy, un añito más. Así me he levantado, el número 32 hoy me ha dado la bienvenida y lo primero que he hecho ha sido felicitarme. Y sigo pensando, como ya hice en La pátina del tiempo, que cumplir años es estupendo.

Pero éste no era el tema de hoy. Lo que quiero comentar lo estuve pensando ayer, mientras corría. Mientras, kilómetro tras kilómetro, cumplía un objetivo que me propuse en enero pero al que llevaba años dándole vueltas: correr un medio maratón. Nada menos que 21Km. Y sin parar de correr. Porque si caminaba no lo consideraría objetivo cumplido. El propósito era el siguiente: llegar hasta el final, correr todo el tiempo y disfrutar. ¡Y lo conseguí! Pasar por meta fue un momento realmente emocionante. Creo que nunca lo voy a olvidar.

Esto fue posible gracias a Pape, que lo organizó todo y fue un estupendo anfitrión, pues la carrera era en su pueblo, Puerto de Sagunto. A mis amigos Jose, Eli, Antonio, Ismael y Pape, que corrieron y empezaron a animarme días antes de la competición. También a otras personas, como mi padre y mi hermano que han estado motivándome y que consiguieron, sin saberlo, que siguiera adelante a pesar de que el último mes no he podido casi entrenar por un cúmulo de circunstancias.

El caso es que allí estaba yo, una zancada tras otra, disfrutando del recorrido. Sin pensar en lo que quedaba, sin pensar en lo que llevaba avanzado. Un pie, otro pie… Los primeros 10km fueron muy sencillos. A partir del 12 o el 13 mis piernas se resentían. Y aquí fue donde me salvó la deformación profesional. La cuestión era dónde focalizar los pensamientos. Noté una sensación en los muslos. No sé si era dolor o cansancio. El caso es que no podía pensar en ello. Y la única forma de conseguirlo, que yo sepa, es llevando la mente a otras cuestiones. ¿Cuáles? Pues las casitas que había a la derecha, las casitas que había a la izquierda. Luego, un parque que atravesábamos, edificios sin terminar de construir, el paseo marítimo o el mar, que también nos acompañó un buen tramo.

Ya sé que si piensas mientras haces ejercicio consumes energía. Ya sé que lo ideal es “estar en lo que se está”, pero esto es algo que nunca he conseguido cuando salgo a correr. Cuando me quiero dar cuenta, ¡zas! Ya estoy divagando por mis pensamientos. ¿A ti te pasa? Cuando haces deporte, ¿eres capaz de centrarte sólo en ello? Haciendo otras actividades sí que lo consigo y puedo entrar en un estado de fluidez. Lo único que existe es la actividad y me olvido hasta de mí misma. Pero no lo consigo con el deporte.

Por suerte, había casas feas, había casas bonitas. Chalets, edificios públicos, viviendas adosadas y edificios para ver, para pensar, para… ¡evadirme! Y de esta forma conseguí disociar mi mente de mi cuerpo. Aunque él mandara señales de dolor o de cansancio, mi señora mente estaba en otras historias, pensando y contemplando el paisaje arquitectónico y urbanístico de la zona.

Y tú, ¿en qué te fijas? No sé si la gente va mirando las fachadas como lo hacemos los arquitectos, ¿tú lo haces? ¿Y tú sientes como tus pensamientos se van sin querer hacia el área a la que te dedicas? Es como un imán. Mi hermano, que es diseñador gráfico, ve logos y carteles por todas partes. Para mí la mayoría pasan desapercibidos, pero a él le atrapan. ¿En qué te fijas tú? ¿Te resulta positivo hacerlo? ¿En qué te focalizas?

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