Lo que tenía que hacer

El jueves nos llamó mi querida amiga Cristina para ir a comer. Como siempre que estamos con ella, lo pasamos estupendamente. También invitó a Ximo y a Jonathan. No sé si fue casualidad o fue un pequeño juego, pero uno de ellos fue mi predecesor como presidente en la Asociación de Comerciantes y Profesionales y el otro, mi sucesor. El caso es que lo pasamos bien. Hablamos de todo y de nada y, por supuesto, nos reímos. Nos reímos mucho.

Y hubo una frase que me hizo pensar. Cuando Jona, sorprendido, exclamó algo así como que Cristina había hecho de todo, ella contesto, en tono chistoso, “todo, menos lo que tenía que hacer”. En este caso, “lo que tenía que hacer” era casarse y tener hijos. Y yo me imaginé dentro de quince años como ella, teniendo experiencias apasionantes, siendo feliz en cada momento, haciendo lo que me gusta, en definitiva… ¡viviendo! Y, posiblemente, sin casarme y sin tener hijos.
En este punto mi profesora de narrativa criticaría este texto por, como dice ella, contar el final del chiste. Habría sido mejor que no os hubiese dicho qué es “lo que hay que hacer” y así cada uno de vosotros  haría una interpretación mucho más personal y relacionada con su propia biografía. Lo siento, a veces escribo de un modo explícito, naif y pueril (como dicen mis compañeros del taller). Y el caso es que yo así estoy cómoda. De todos modos, pensaba pediros que reflexionarais sobre qué es lo que no habéis hecho y se esperaba de vosotros. Aunque no sea sutil pidiéndoos esta reflexión, o no deje espacio para que leáis entre líneas, eso sí, os la expongo con todo mi cariño.

Cuando proyectas una vivienda se espera que tenga una distribución prototípica. Que los techos midan una determinada altura, que haya puertas y ventanas. Ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas. Que los espacios se relacionen entre sí… como toca. ¿Y qué pasa si no lo hacemos así? ¿Y qué pasa si yo, como usuario decido reformar mi casa y no poner puertas ni paredes? ¿Y si pongo todos los armarios, por ejemplo, fuera de los dormitorios? ¿Y si tengo una tienda o una oficina y decido hacerla diferente de lo que se espera de ella? Y no por una cuestión de moda o por ser transgresora o por llamar la atención, sino porque simplemente me apetece tenerlo así.

Lo mismo sucede con nuestras vidas. La sociedad, nuestra familia, nosotros mismos nos marcamos un camino que es el bueno. Y en ocasiones preferimos caminar por otros senderos. ¿Cómo te has sentido cuando has hecho esto? ¿Quizá culpable? ¿Se han reído de ti o te han llamado rarito cuando lo has contado? ¡Pues basta ya! A partir de ahora vamos a elegir nuestra propia travesía. Caminar por donde te han dicho –sin decírtelo- que debías es una más de todas las opciones.

¿Cuántas veces has tomado una decisión y un tiempo después te has dado cuenta de que no era una elección tuya realmente? Pues vamos a romper censuras. Fuera barreras. Seamos auténticos y auténticas. Fuera pautas, aprendamos a no dejarnos manipular (en muchos casos por nosotros mismos). Que la sociedad no nos arrastre. Vamos a dejar de ser víctimas de las normas y a actuar por nuestra propia iniciativa. Tenemos un buen criterio y podemos usarlo de manera responsable.

Y yo, cada vez que tenga una hoja en blanco seguiré dibujaré espacios preparados para sus usuarios, sin importarme que sean como espera la sociedad. Me centraré en las personas que van a vivir o que van a ser utilizar esas construcciones. Y no me sentiré culpable por no proyectar “lo que toca” socialmente.
Si te parece, nos preparamos para tener críticas. No pasa nada, tenemos claro cuáles son nuestras decisiones y para nosotros son las apropiadas. ¡Elijamos con nuestro propio criterio! Y sintámonos seguros de cada paso que demos.

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3 comentarios

  1. Leo tu entrada en el mejor momento que podría hacerlo. Yo también soy de las que “no hace lo que le toca”. Gracias MA 🙂

    1. Pues Bea, siendo tú una persona responsable contigo misma y con los demás… ¡me alegro! ¡Vivan las decisiones personales y las vidas auténticas!
      Un besito

  2. Sigo sin poder leerlo en el telef y esto es el futurooo.

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