Imaginación… ¡creatividad!

Hace unos días me descubrí a mí misma boicoteando mi imaginación en pro de mis viejos patrones de pensamiento. Os cuento, estaba viendo los Simpson, serie que me encanta y que me parece increíblemente creativa. Era un capítulo en el que la familia participaba en un reality que no tenía demasiada audiencia. Para resolver esta situación los productores decidieron llevar la casa en la que se alojaban a un río y así lo hicieron, en mitad de la noche una especie de helicóptero-grúa enganchó aquella vivienda de una forma que sólo sucede en los dibujos y se la llevó volando hasta su destino.

Ahora os confieso lo que pensé: eso no puede suceder, la estructura está preparada para soportar fuerzas de compresión, es decir, pesos sobre cada planta o cargas en la cubierta, pero no está construida para ser traccionada, es decir, estirada (como si a nosotros nos levantaran del suelo tirando de la cabeza hacia arriba). Y ahí fue cuando me di cuenta de que en lugar de compartir como espectadora la imaginación de otros y el uso que le dieron, reaccioné con el pensamiento de “eso no se puede hacer”.

Amigos, ¿cuántas veces nos han dicho “eso no se puede”, “eso no se hace”, “así no”, “así, como yo te digo” y tantas frases de este tipo? Cuando éramos pequeños nuestra capacidad para imaginar estaba virgen. Si nos fijamos en los niños observaremos que tienen ocurrencias originales, singulares, interesantes. Tienen reacciones que a nosotros, seguramente, no se nos habrían ocurrido. Un ejemplo es el dibujo que hizo Héctor, el hijo de mi amigo Rafa. Dibujó a Superman en una hoja. Era tan pequeño que tituló a su obra supelman y escribió las partes de su cuerpo: ojos, pies y nanos. Hasta aquí todo parece normal, lo estupendo se descubre al girar la hoja. En la otra cara del papel… ¡había dibujado la capa!

A lo largo de nuestra educación nos han marcado el camino “bueno” y del cual no te podías salir. Moverse de ahí significaba hacer mal las cosas. Entrábamos en el colegio como seres únicos y salíamos convertidos en productos de ciertos moldes. Afortunadamente se está hablando cada vez más de nuevos modelos educativos y está valorando la creatividad, tan necesaria en todos los ámbitos de nuestra vida. Entenderemos creatividad como pensar, diseñar, construir o proyectar algo nuevo y que tenga utilidad.

¿Cuál es tu profesión? ¿A qué actividades dedicas tu tiempo? Y yo te pregunto, ¿haces cada proceso siempre del mismo modo? ¿O imaginas formas diferentes? Y después de imaginarlas, ¿pones en práctica algunas de ellas? Dicen que tenemos que estudiar todas las ideas, sin censuras, por muy locas que sean. Después ya analizaremos cuáles ponemos en práctica y de ellas, cuáles aportan valor.

Cuando yo estudiaba teníamos una asignatura básica en todos los cursos de la carrera que era el taller de proyectos. No había explicaciones ni clases magistrales (salvo pequeñas excepciones). La metodología era realizar proyectos. Teníamos que crear un edificio a partir de una hoja en blanco. Aprendíamos a proyectar proyectando. Después el profesor o los compañeros te lo corregían. Ese era el método. En esa aventura de convertir un papel vacío en un espacio recorrías un curioso camino, estudiabas edificios recreados en libros y revistas y aprendías por ensayo-error. En ese momento no había censura. Todo se probaba, todo se dibujaba. La mayoría de ideas locas acababan en agua de borrajas. No obstante, de esos disparates surgía la semilla de una solución increíble, de una distribución novedosa, de una alternativa estructural que parecía no existir.

Después, a lo largo del ejercicio de la profesión es fácil viciarse. Normativas, reglas, hábitos y costumbres constructivas nos empujan a proyectar siempre igual. A repetir los mismos patrones, ofrecer una y otra vez las mismas soluciones. Yo lucho continuamente con mi mente para conservar ese espíritu fresco, por crear soluciones espaciales, por hacer cada proyecto nuevo. Y te invito a que tú también hagas lo mismo. Creo que todos estamos preñados de ideas que residen en nuestro subconsciente. Dejémoslas salir, vamos a volver a imaginar. Vamos a tener la actitud para ser creativos. ¡Empezamos hoy!

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2 comentarios

  1. […] la suerte de relacionarme con personas creativas y siempre aprendo de ellas. Supongo que esta capacidad tiene una parte de innata y otra de […]

  2. […] años asistí junto a mis amigas a un taller de creatividad. Mucho aprendimos con aquellas actividades y a menudo recuerdo una comparación entre los cuatro […]

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