En qué orden

De nuevo, domingo. Me siento frente al ordenador y me dispongo teclear mientras reflexiono sobre el siguiente cruce entre la arquitectura y el mundo interior (o exterior) de las personas. Normalmente abro mi libreta de temas y elijo uno de los que he ido anotando en mis momentos de inspiración. Hoy no lo he hecho, es el tema el que me ha buscado a mí. El orden, los distintos tipos de organización, en nuestra casa y en nuestra vida. Y es que nuestra vivienda, nuestro dormitorio o nuestra oficina son un fiel reflejo de cómo nos sentimos y de cómo tendemos a comportarnos.

Cuando hablo de orden no me refiero a disponer los objetos o a distribuir las tareas siguiendo unas pautas marcadas, sino a la forma de organizar. Dicen que el caos es un tipo de orden y así quiero considerar yo cada disposición. No hay desorden, hay diferentes modos de colocar. Luego ya veremos si son más o menos funcionales, más o menos estéticos o si están en consonancia conmigo. El caso es que no hay desorden, pues éste será un tipo de orden.

Y aclarado el concepto, en este momento de tu vida, ¿cómo colocas tus objetos? ¿Cómo tienes decorada tu casa o tu lugar de trabajo? Piénsalo. ¿Te gusta llenar las paredes, las estanterías y cada rincón con todo tipo de elementos? ¿O más bien adoras la sencillez y la austeridad? Si te das cuenta, las personas que decoran su hogar con objetos y más objetos suelen hacerlo también con su cuerpo a la hora de vestir. Mi amiga Laura lo hace. Cuando estábamos en la residencia, el año que la conocí, llenó las paredes, la estantería, la mesa y hasta la cama con todo tipo de elementos. Y lo mismo ha hecho en cada casa en que la he visitado. Y cuando se viste ocurre lo mismo. No sé cómo es capaz de ir tan elegante con tantos pañuelos, pendientes, cinturones y demás complementos. Y a ella le quedan bien. ¿Por qué? Porque va con ella. Porque es coherente con su manera de comportarse, de vivir. Su tiempo lo tiene abigarrado de actividades, planes, personas y más actividades.

Aquel año, en la residencia, yo puse unas cuantas fotos en la pared. En mi despacho he intentado colocar la mínima cantidad de objetos (y aún así me parecen bastantes). Cuando visto, hago lo mismo. Y sin pensarlo, sin tener ninguna intencionalidad… surge así. Lo mismo sucede con las tareas que realizo en mi tiempo. Procuro que cada una tenga su tiempo y no mezclarlas demasiado. Eso sí, de vez en cuando rompo ese orden al que estoy habituada y mi mesa se llena de papeles, de carpetas, de rotuladores. O me visto para salir y me pongo mil abalorios y hasta me maquillo en exceso. Y ese romper con mi orden lo disfruto. Es algo especial, un juego.

¿Te ha pasado alguna vez? Te levantas por la mañana y te apetece romper, modificar tus rutinas. Cambias algo en tu casa, te colocas esa ropa que ni recordabas que existía y tienes una conducta diferente a la que estás habituado. Yo creo que esto es sano y saludable. No sé muy bien por qué pero seguro que existe una razón. Atendiendo a lo que nos explica mi profesor de pnl podría decir “yo soy organizada excepto cuando no lo soy”. Y luego nos suele contar lo malas que son las etiquetas, las que ponemos a otros y las que nos colocamos a nosotros mismos. Aceptar nuestras contradicciones es saludable y beneficioso.

Y, para ir concluyendo, ¿cómo te sientes? ¿Es acorde con la manera en que te expresas a través de tus espacios? Si somos flexibles, si nos escuchamos a nosotros mismos y obramos en consecuencia, expresándonos de manera fluida, seguramente, acabaremos siendo más felices.

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