El hogar de la Navidad

Después de mucho reflexionar si hoy escribía o no sobre la Navidad, he decidido que sí. Hoy vamos a pensar un poquito en los espacios en que se celebra habitualmente la Navidad, los hogares. Antes de repasar caminos que ya hemos recorrido, como el significado del hogar o la casa de la familia y cómo aplicarlo a las fechas que vivimos, voy a contarte que nunca me ha gustado especialmente la Navidad. No sé por qué y eso que me lo he planteado en muchas ocasiones. Los detractores normalmente tienen unos argumentos claros. Algunos la ven como unas fechas consumistas. Otros las viven como un momento particularmente doloroso por no tener cerca a seres queridos con quienes han compartido otras navidades. Cuando me preguntan la causa no sé muy bien qué contestar. ¿Te ha pasado esto en alguna ocasión? ¿Hay algo que no te agrade pero que no sepas por qué? Unas veces explico que la gente está demasiado contenta en estas fechas pero no tiene ningún sentido que yo diga esto, soy militante de la psicología positiva y algo que deseo es la alegría universal.

En una ocasión opté por la huida. Hice un viaje de dos semanas a Marruecos. Y como allí Jesús es un profeta menor, pues no habría tenido demasiado sentido hacer grandes celebraciones. Es más, la mayoría de personas con quienes compartí aquella aventura querían, por una u otra razón evitar estas fechas y lo que conllevan. Para nosotros, 24 y 25 de diciembre fueron dos días más de un estupendo viaje.

Hace unos años me paré a pensar y tuve una seria conversación conmigo misma. Me expuse los hechos: en Navidad la gente se reúne, es un buen momento para compartir con la familia, para reencontrarse con los seres queridos. Los amigos te llaman, te escriben, te felicitan. Nos hacemos regalos, pensamos en los demás. Los niños adquieren protagonismo. Se habla de la “magia de la Navidad”. Si bien es cierto que a una parte de mí le han llegado incluso a desagradar los villancicos, las luces, las aglomeraciones, los regalos porque hay que hacerlos, etc., motivos hay de sobra para cambiar de actitud.

Sí… estas fechas son una excusa perfecta para dar más abrazos, para compartir cafés, para ir a cenas y, por supuesto, para reunirse con la familia en los días destacados. Si las personas se desean as sí mismas y a los demás felicidad, ¿cómo no ser defensora de la Navidad? Pues bien, después de negociar conmigo misma decidí reconciliarme con esta celebración. Y así llevo varios años.

Y hecha esta aclaración te preguntaré, como era previsible, ¿dónde has celebrado la Navidad? ¿Cómo habéis vestido el hogar? ¿Notabas la calidez, la alegría, los aromas, el entusiasmo… en fin… la magia de la navidad impregnada en las paredes de tu casa o de la casa de tu familia? ¿Has sido anfitrión o anfitriona? Si es así, ¿cómo has vestido tu hogar? ¿Cómo lo has adornado? ¿Qué vivencias le has sumado este año? Y si has ido a la casa de otras personas, como ha sido mi caso, ¿cómo lo has vivido? En casa de mi tía, además de vestir su casa con árbol, lazos y espumillón por doquier, ha habido amor, alegría, entusiasmo, sonrisas, regalos y cariño.

Así que, amigo, te deseo que disfrutes de estas fiestas. Y si no eres de los más amantes de la Navidad… ¡feliz reconciliación con ella!

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Una respuesta

  1. […] nunca me han gustado estas fiestas. Pero ya se sabe, basta con no tener algo para desearlo. Me quedo en Oriente, lejos de mi familia y […]

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