La elección adecuada

Hace unos días estuve de visita de obra en la casa de mis clientes, y ya amigos, Mario y Mayra. La obra ya está bastante adelantada y estuvimos comentando los avances. A lo largo tanto de la fase del proyecto como la de la construcción, hay que tomar muchas decisiones, tanto los propietarios como yo debemos elegir. El tamaño, la imagen global, los acabados, el número de dormitorios, los espacios más o menos abiertos… Hay que tomar muchas decisiones.

Un día Gonzalo García, profesor de marketing para arquitectos, nos dijo que tomar decisiones era difícil porque elegir una suponía desechar el resto. Luego lo comprobó diciendo que tomar la decisión de casarse era tan complicado porque suponía no quedarte con todos los chicos o chicas que no eran tu pareja, aunque esto yo creo que más bien lo contó haciendo un pequeño chiste para que recordáramos el concepto.

Elegir… tomar, dejar. Mario me enseñó esa mañana una muestra del pavimento que había escogido. Dice que lo vio cuando estábamos construyendo la cimentación y le llamó mucho la atención. Pero, como quedaba tanto tiempo para colocarlo había pensado que seguramente vería otros suelos que desbancarían aquel parquet de color gris. Para su sorpresa, habían transcurrido los meses, la obra había avanzado, habían visto muchos suelos y ninguno le había llegado a cautivar como aquél. Por tanto, ése sería el que se pondría. Todo hay que decirlo, como Mayra prefería otros, aunque con menos vehemencia, había negociado con ella y le había dejado escoger otros acabados a cabio.

Cuando tenemos varias opciones nos solemos sentir incómodos, no sé muy bien si es por el miedo a equivocarnos. Hay personas muy habituadas a tomar decisiones profesionales, grandes determinaciones que atañen a diversos proyectos y después tienen dificultades para dilucidar en cuestiones personales o emocionales. También hay gente muy resolutiva, como mi amiga Cristina Navarro, que analiza las posibilidades y elige una de ellas con una soltura pasmosa. Y además, en el futuro son consecuentes con el camino que han tomado. Si han analizado bien, la mayoría de veces habrán tomado la mejor opción. Estadísticamente, puede que no haya sido así un pequeño porcentaje de ellas, pero lo asumen.

Hay quien no puede decidir, se paraliza, duda, y es incapaz de posicionarse. Y alargan la toma de la decisión en el tiempo, convirtiendo ese camino en una agonía.

¿Y en base a qué elegimos? ¿Nos hacemos una lista con pros y contras? Si salen más ventajas, elijo que sí y si hay más inconvenientes, que no. A veces una razón de una de esas listas pesa más que diez en la otra. ¿No te ha pasado alguna vez que te has decidido por una sola razón aunque el resto de motivos apuntaba a la otra elección?

Visto así parece que racionalmente podemos hacernos listas para comparar con razones que apoyen cada una de nuestras opciones. Además, todas esas razones no pesan lo mismo. Yo suelo tener un comportamiento bastante racional, creo que uso más mi hemisferio izquierdo que el derecho y además tengo formación técnica. Me gusta hacer listas de pros y contras. Ahora bien… algunas veces he tomado decisiones sin listas, sin saber por qué y estando totalmente segura. Tan segura que no cabía la posibilidad de equivocarme. No me lo decía la cabeza, me lo decía el corazón. ¿Te ha pasado esto alguna vez?

Puede suceder con situaciones banales, como comprar unos zapatos o elegir qué plato del menú vas a elegir. Pero también puede darse con elecciones mucho más trascendentales, como elegir la profesión a la que te vas a dedicar o la persona con la que vas a compartir tu vida.

Cuando tienes que elegir, ¿te guías más por la razón o por la intuición? ¿De qué te sueles fiar más, de tu cabeza o de un pálpito? ¿Decides bien cuando escuchas a tu corazón?

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4 comentarios

  1. Cecilio Izquierdo Máñez |Responder

    Hola Geles, efectivamente nos pasamos toda la vida tomando decisiones, siendo así jo pienso que ya deberíamos estar acostumbrados y haber creado un método a aplicar al proceso de decisión. La decisión depende del fin perseguido y de la información disponible. En base a ésto se toma la decisión. Yo personalmente soy de los que toman decisiones con mucha rapidez, bien es verdad que la decisión que he tomado a las 10:00h si a las 12:00h han variado los parámetros que me hicieron tomar la primera, rectifico si puedo, y si no estoy a tiempo de rectificar, valoro el apechugar con la decisión o resolverla de inmediato contabilizándola como pérdidas. Fundamentalmente en mis decisiones tiene un peso muy importante la funcionalidad y la relación calidad/precio, por encima de la estética. Como he dicho toda nuestra vida estamos tomando decisiones, de forma que yo lo pienso 10 segundos y en el segundo 11 lo mato. Si he acertado bien y sino ya sabes, lo vuelves a pensar y vuelves a decidir.

  2. Cecilio Izquierdo Máñez |Responder

    También es verdad que cuando tengo un pálpito que me hace dudar, no decido en ese momento, dejo que pase el tiempo y sigo analizando el tema y recabando más información. Si el pálpito persiste y sigo con la duda pienso que es mi Angel de la G
    uarda (mi padre que desde el cielo me protege). Entonces desestimo el tema definitivamente, (no es el momento adecuado para esa decisión).

  3. ¡Me encanta! Analizar la situación y, en base a ello, tomar las decisiones. Y tienes razón, hay veces que según pasa el tiempo y se modifican las circunstancias tenemos la posibilidad de cambiarlas, que no he dicho nada de las decisiones flexibles.
    Un abrazo!

  4. Cecilio Izquierdo Máñez |Responder

    También hay decisiones que ya las tengo tomadas, pero que las ejecutaré cuando se produzcan las condiciones y sea el tiempo adecuado para hacerlo. A parte de sumar y restar lo que he aprendido en la Universidad y corroborado en la vida, es que la variable más importante para el ser humano es el tiempo. En resumen creo que en el conjunto de todas las decisiones que he tomado y tomo a diario, acierto en un 97% y fallo en un 3%. De estos dos porcentajes el más importante para mi es el 3% de errores que he cometido i sigo cometiendo. El análisis y reflexión de los errores cometidos hace que mejore mi experiencia para no caer en el futuro en el mismo error, y al mismo tiempo luchar contra es 3% es uno mas de los motivos que dan sentido a mi vida.

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