¿Te gusta cambiar?

Dicen que los perros se parecen a sus amos. Yo digo que las casas se parecen a las personas que las habitan. Piensa en la tuya. En concreto haz balance de los cambios que has llevado a cabo en los últimos años en el salón, en tu dormitorio o en cualquier otra zona de la vivienda. ¿Eres una de esas personas que lo mantiene todo como el primer día? ¿O más bien te estimula cambiar los muebles de sitio, pintar con distintos colores o modificar la decoración de la casa por el puro placer de que tenga un aspecto diferente?

No me refiero a los cambios que se llevan a cabo por el deterioro de algún mueble o por necesidades funcionales. Hablo de hacer modificaciones sin que sean estrictamente necesarias. Tampoco me refiero a la capacidad de ser flexibles y adaptarse a las novedades. Más bien estoy pensando en cambios con el único objetivo de tener una estética diferente.

Tengo amigas que cada vez lucen un pelo diferente. Han probado todos los colores, todos los largos, cortos y medianos, los rizos, los lisos y los ondulados. Las personas que disfrutan con estos cambios suelen ser sorprendentes, creativas, originales. Son poco previsibles, tienen una personalidad fresca y son extrovertidos. Está claro que cambiar un salón no es tan sencillo como tintarse el pelo, pero de algún modo se refleja esta atracción por renovar en sus hogares.

Tengo otras amigas que siempre llevan el mismo peinado. Muchas personas, cuando se sienten bien con algo, no sienten la necesidad de modificarlo. Y normalmente son constantes, previsibles (en el sentido más positivo de la palabra), organizadas, perseverantes, metódicas.

Ambos perfiles me parecen interesantes, ¿con cuál te identificas más? Si me escuchara Bernardo, mi profesor de pnl, me recordaría que las personas no “son” y que no es conveniente poner ni ponernos etiquetas. También diría que una persona es cambiante excepto cuando no lo es. Entonces, ahora ¿cómo te sientes? ¿Más bien cambiante o más bien estable? Seguramente en cada momento de tu vida te podrías acercar más a uno u otro perfil.  Y es probable que esto suceda por algo. Creo que sería interesante saber escucharnos. Si no a nosotros mismos directamente, sí a lo que hacemos.

Más allá de los pequeños cambios de estética, puede haber ocasiones en que hacemos algo diametralmente opuesto a lo estamos acostumbrados. Y esto puede ser un síntoma de alguna alteración emocional. ¿Tienes alguna prenda de ropa que no entiendes muy bien por qué te la compraste? ¿Has modificado algo en tu casa y no asimilas por qué lo hiciste? Cuando tenemos conductas realmente extrañas conviene preguntarnos qué nos sucede o qué nos estaba sucediendo en ese momento. A menudo existe una explicación emocional.

Siguiendo con el tema de las modificaciones o de la fijeza en nuestro hogar, sé consciente de que es algo que dice mucho de ti. Es más, ¿dejas cada cosa, de manera metódica en su lugar? ¿Te gusta el orden? O por el contrario, ¿te aburre y prefieres las sorpresas? ¿Usas una organización muy estudiada? ¿O prefieres ordenar “a tu manera”? La forma en que dispongas tu hogar y lo que hay en él dice mucho de ti y puede ayudarte a que te conozcas mejor. Piensa en ello.

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