El amor en los proyectos…

Se ha escrito tanto y tanto sobre el amor a lo largo de los siglos y en todos los idiomas que cabe preguntarse si todavía queda algo por contar. Pues bien, yo quiero compartir unas líneas con vosotros y lo voy a hacer desde mi experiencia profesional y como observadora. Por ahora sólo contaré vivencias de otras personas. No tengo reparos para hablar de mis propios sentimientos, pero creo que eso ya no tiene mucha relación con la arquitectura. Eso sí, si soy capaz de encontrarla, un día os hablaré sobre mí.

Cuando terminé la carrera empecé a trabajar en el despacho de unos promotores. Hacíamos proyectos para edificios de viviendas. Había tanta demanda de pisos a causa del boom inmobiliario que se vendía cualquier cosa (y cualquier casa). Al estudio nos llegaba una parcela y el trabajo consistía en proyectar el máximo número de viviendas, plazas de garaje y trasteros posibles. Así que nuestra misión era cumplir con la normativa vigente (en el mejor de los casos) y exprimir el solar. No había que tener en cuenta la orientación, las vistas, la calidad de los espacios ni las personas que iban a vivir allí. De no haber sido obligatorio para obtener licencia de obras y, posteriormente, cédula de habitabilidad, habríamos diseñado pisos sin cuartos de baño y dormitorios sin ventanas. Por suerte, sólo estuve unos meses en aquel trabajo. Era horrible. Después de pasar tantos años aprendiendo una profesión tan bonita, acabar dibujando pisos con un calzador. Lo mismo ocurría en la obra. Sólo importaba el dinero. Daba igual la calidad de los materiales, la ejecución de los acabados… todo se traducía a euros. No nos puede extrañar que hayamos llegado donde estamos conforme se estaba haciendo todo.

Como ya he dicho, estuve sólo unos meses en aquel sitio. En aquel momento yo estaba muy disgustada por el tipo de trabajo que había hecho, por el trato que me habían dado mis jefes, por el poquísimo dinero que me habían pagado a pesar de trabajar diez horas al día y firmar proyectos de edificios de viviendas de hasta cinco plantas con más de veinte pisos cada uno. Hoy sé que allí aprendí mucho. Aprendí cómo no se debe gestionar un despacho, cómo no se debe liderar un equipo, cómo no se debe tratar a los clientes y, lo mejor de todo, tuve unos compañeros estupendos con los que todavía mantengo el contacto.

Pues bien, después de aquella experiencia comencé a trabajar por mi cuenta. Empecé a diseñar proyectos para personas, normalmente, viviendas. A lo largo de estos años el contacto con mis clientes me ha permitido ver en muchas ocasiones muestras de afecto y de amor que se plasman en el proyecto. Voy a recordar algunas de ellas.

En un proyecto de vivienda unifamiliar que tengo en marcha uno de los requisitos era que ésta fuera accesible. La madre de mi clienta usa silla de ruedas y ella, pensando en la posibilidad de cuidarla en el futuro, me dio esta premisa. Para ello se ha utilizado más superficie en las zonas de distribución y en los baños, además, se ha proyectado un ascensor. A mi clienta esto no le ha importado, lo tenía clarísimo desde el principio. Yo a esto lo llamo una muestra de amor.

En todas las casas que he hecho para familias han primado los hijos. Desde el espacio junto a la cama para poner una cuna, el tratamiento de los dormitorios de los niños, la forma de las escaleras y las barandillas… Al igual que su mundo giraba en torno a ellos, el hogar también lo haría. En una ocasión hicimos una sala de juegos para los niños en lugar de una oficina para los padres. A mí esto me conmueve.

Muchas veces mis clientes son parejas. Más o menos jóvenes y compartiendo la ilusión de hacerse una casa. Durante las reuniones se sinceran conmigo y se muestran tal y como son. Hay que tomar muchas decisiones y no siempre están de acuerdo. No puedo decir que todas las relaciones sean maravillosas. En ocasiones, incluso, he tenido que mediar entre ellos. Pues bien, aunque no todas sean un derroche de amor, sí lo son muchas de ellas. Y da gusto ver cómo cada uno se preocupa por el diseño de la vivienda de tal manera que el otro será más feliz. Como en una ocasión en la que hice varios bocetos para una vivienda y al final él eligió, no el que más le gustaba, sino el que tenía el vestidor que tanto le había gustado a su novia. Y lo dijo firme y convencido, no resignado.

Pues éstos han sido algunos ejemplos de muestras de amor o de afecto que he observado en calidad de arquitecta. En realidad ha habido muchos más. Cuando se piensa en los espacios más comunes o en zonas más personalizadas, cuando se eligen materiales y no siempre a los miembros de una pareja o de una familia les gustan los mismos o cuando se define cada zona, las decisiones finales suelen tener un componente afectivo. En definitiva, pensar en un hogar como el espacio de una familia es una forma de confirmar esa unidad.

Para terminar voy a recordar el final de la Odisea, cuando Ulises vuelve a casa después de un periplo de más de veinte años. Penélope, su esposa, no lo reconoce y decide ponerlo a prueba para comprobar que realmente es él, así que ordena a unas sirvientas que cambien la cama de sitio, el lecho conyugal. Él sonríe y le dice que eso no es posible. Antes de construir la casa, él mismo talló la cama en el tronco de un olivo y, alrededor de éste, fue donde construyó el palacio.

Anuncios

8 comentarios

  1. Dulce, comovedor y emotivo, no podía ser de otra forma. Gracias por compartir momentos así

    1. Muchas gracias, guapa. Vosotras me enseñáis a ser emotiva.

  2. ¡¡Geles!!
    Qué bueno!!!
    Me encanta tu forma de ver la arquitectura.
    Un abrazo

    1. Muchas gracias, Emilio. Creo que la arquitectura está al servicio de las personas, que son lo más importante.
      Un beso

  3. Geles, ha sido precioso leerlo…que bonito sentir así la profesión!!

    1. Me alegro de que te guste, Sara!!
      Un besito

  4. Debajo de esa gran sonrisa hay un gran corazón…y por encima una mente muy despierta… muchas gracias Geles por compartirlo me ha encantado leerlo!!! me ha trasladado a momentos en mi vida de mucha calidez. Se siente tu creatividad emotiva. Ojalá algún dia tenga la oportunidad y puedas proyectar mi nuevo hogar…. Un abrazote muy grande. MJ Ros.

    1. Muchas gracias Maria Jose. Me alegro de que te haya gustado. Una gran parte de lo que escribo lo he aprendido en Desata, ya verás todo lo que tenemos por delante…
      Un abrazo fuerte,
      Geles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: