Image¿Alguna vez has tenido la sensación de que algo iba mal en alguna faceta de tu vida pero no has querido oírlo hasta pasado un largo período de tiempo? A mí me ha pasado en algunos proyectos de arquitectura y también en diversos aspectos de mi vida.

Resulta que estás llevando a cabo una solución para el diseño de un espacio. Te puedes enamorar de una propuesta y negarte a oír la vocecita que te dice “por ahí no”. Y sigues avanzando en el proyecto. Le dedicas tiempo y energía. Lo trabajas y lo estudias. Pero al final de la jugada esta solución se cae con todo el equipo y entonces te preguntas… “¿pero cómo no lo vi antes?” ¡Sí! ¡Claro que lo viste! Pero no quisiste darte cuenta. Y entonces te preguntas, “¿cómo me ha pasado esto si yo lo advierto enseguida en otras personas?” Pues para eso está el refranero español, y es que se ve antes una paja en el ojo ajeno que una viga en el nuestro.

Y lo mismo sucede con nuestra vida personal. Seguimos por inercia, continuamos con las mismas fórmulas en lugar de pararnos a reconocer que algo no funciona y que si seguimos actuando de la misma manera sólo vamos a empeorarlo. Pero claro, es tan fácil actuar como siempre lo hacemos. ¡Y cuesta tanto cambiar!

Mi amigo Rafa siempre cuenta la historia de los tres capitanes de barco durante una tormenta. Por un lado está el pesimista, que se lleva las manos a la cabeza y piensa que se van a la deriva y que no van a poder salir de esa situación. El segundo capitán es el optimista (con el cual yo me siento muy identificada). Sonríe, mira hacia el cielo y le dice a su tripulación que todo va a pasar, que no se preocupen porque la situación mejorará en breve. El tercer capitán es el realista. Identifica la situación y ajusta las velas. Esta pequeña metáfora nos recuerda que el optimismo extremo no es bueno para gestionar situaciones.

Incluso las veces que acutamos con un optimismo exagerado, suele llegar un buen día en que nos sucede algo y, como si cayéramos de un guindo, observamos la situación con los ojos de capitán realista. Dependiendo de las circunstancias y de muchos factores, ese día puede ser duro. Primero hay que asumir. En segundo lugar, cambiaremos la estrategia y, por último, actuaremos en consecuencia. Qué fácil es la teoría, ¿verdad? Pues cuanto antes seamos conscientes de la realidad, antes podremos empezar el proceso.

Cuando estaba en la universidad a veces señalaban algún aspecto de mis proyectos que no funcionaba bien. En ocasiones lo vía rápido, pero otras me costaba mucho. Darte cuenta en el momento en que otro te lo dice es difícil. Lo sientes de verdad el día que lo ves por ti mismo. Por eso no funcionan los consejos, necesitamos sentir que eso no va bien, no que alguien nos lo diga.

Y de este pensamiento yo obtengo una conclusión: poner atención a la vocecita que me avisa, esa que no quiero escuchar por lo que supone. ¿La escucharás tú también?

Qué duro es asumir las críticas. Cuando estudiaba arquitectura aprendíamos a proyectar proyectando. Es decir, concebíamos y dibujábamos los espacios y luego corregíamos con el profesor del taller o con los compañeros. Y este era el sistema. En cada nueva corrección aprendíamos algo y era ésta la manera de avanzar.

Y cuando te decían que algo estaba mal… ¡qué arduo resultaba! No sólo porque tenías que seguir trabajando, modificar el proyecto e invertir más tiempo. Era difícil porque resulta duro asumir críticas. Darte cuenta de que has hecho algo mal. Y ese algo puede ser una cuestión puntual o un vicio, un hábito negativo que arrastras y que te conviene deshacer.

Lo mismo sucede en nuestra vida diaria. Nosotros actuamos y no siempre somos conscientes de lo que hacemos, de cómo lo llevamos a cabo o de las repercusiones de nuestras acciones. Y el día que alguien –que te quiere- te fuerza a verlo te pone en una situación incómoda, tensa. Te vuelcas hacia adentro y tu mente se resiste a reconocerlo. Buscamos excusas, explicaciones, cambiamos el punto de vista porque es más fácil que confirmarlo. Pero podemos hacer el trabajo, enfrentarnos. Si varias personas han coincidido en lo mismo a lo largo del tiempo, ¿es posible que me beneficie cambiar cierta actitud?

Por supuesto, no me refiero a críticas hostiles. Había profesores que humillaban al estudiante inexperto que enseñaba sus bocetos. He visto a muchos compañeros llorar por el trato inapropiado de ciertos arquitectos que se supone que tienen que enseñar la profesión. Por suerte, pocas veces me tropecé con energúmenos de ese tipo. Casi todos mis profesores fueron buenos o estupendos. Aprendí mucho de ellos y supieron hacerme ver dónde podía mejorar y cómo conseguir mejores proyectos. Es fácil diferenciar una crítica constructiva de una hostil. La primera te la dicen en privado, bajito. Cuidan el vocabulario, el tono de voz y te la dan con amor. Con amor y con crudeza. La segunda la suelen gritar, elegir las palabras más humillantes y vanagloriarse por el hecho de avergonzarte.

No obstante, hoy me refiero a las críticas constructivas. Además, cuando haces algo mal esto puede tener repercusión para otras personas. Yo he cometido fallos en mi trabajo. Es muy duro darse cuenta. Y estos fallos han afectado de una u otra manera a clientes o agentes relacionados con la construcción.

Lo mismo me ha sucedido en el nivel personal. Mis actos o mis decisiones han afectado a otras personas. Y cuando te lo dicen duele. Y volvemos a buscar excusas y ser indulgentes con nosotros mismos. Pero… ¿y si lo reconocemos? ¿Y si nos damos cuenta de que así ha sido y, sin martirizarnos con innecesarias culpas, asumimos nuestros actos?

Cuando lo reconocemos podemos avanzar. Crecemos. Y si la crítica se refería a un hábito más que a una situación concreta, puede ser el detonante para trabajar una faceta nuestra de la que no éramos conscientes. Demos ese duro paso. Hace falta mucha humildad, sobre todo, ante nosotros mismos.

En muchas ocasiones crecer empieza por el duro momento de reconocer una crítica.

Estamos en marzo. La ciudad de Valencia y todos los pueblos de la provincia se acicalan y se visten de Fallas. Y nos lo muestran con todos los sentidos. Se transforman nuestros pueblos, sin necesidad de un proyecto de urbanismo, y nos regalan unos días de jolgorio. Las fiestas se perciben por los seis sentidos. Sí, sí… he dicho seis.

Uno de mis sentidos preferentes es el oído. Y reconozco que me costó muchos años habituarme a lo que a mí me parecía una serie de ruidos sin ningún sentido. Mascletaes y petardos en todo momento, eso por no hablar de les Despertaes. Y unos cuantos años más me costó apreciar y valorar esos sonidos tan tradicionales. Hoy son un anclaje para mí, anuncian la llegada de las Fallas y, con ellas, la primavera, el buen tiempo, el sol, la alegría que despierta después del invierno. El primer anuncio de estas fiestas es sonoro.

Después se siente el aroma. Por supuesto, a pólvora. Y también a leña, a paella, a flores y a chocolate caliente. Y también se puede oler a frescura, a ganas de salir a la calle, a vestirnos con manga corta y disfrutar del solecito. Se huele a alegría. No a todo el mundo les gustan las fallas, pero normalmente los más reacios aprovechan para irse de viaje. Y si no, se quedan en casa. En la calle se respira el entusiasmo.

El gusto es un sentido íntimamente ligado al olfato, ¿o será al revés? El caso es que las fallas saben a paella, por supuesto. Y también a horchata, a buñuelos y a chocolate caliente. Son días de concesiones y nos permitimos los excesos. Saben a cerveza fresquita y a tapas en una terraza o en el casal de la Falla.

¿Qué tacto tienen las fallas? Pues creo que podemos imaginar las texturas dels ninots, de los trajes de las falleras, de un mantón de la Virgen cuajado de flores. Pero para mí, el sentido del tacto en estas fechas está más ligado a la temperatura que a las texturas. Yo siento la caricia del sol. Un sol radiante que brilla en Valencia y que todavía no resulta excesivo. Sí, me quedo con los mimos del sol.

Y la imagen, por supuesto, la imagen de la ciudad se transforma. Se cortan las calles al tráfico. Por fin podemos vivir el centro de Valencia. Ojalá se quedara así durante todo el año. Ojalá pudiésemos disfrutar del casco antiguo de nuestra ciudad sin tener que oír los cláxones, esquivar los coches y respirar sus humos. He soñado muchas veces con una remodelación urbanística del centro de nuestra ciudad, al igual que lo han hecho en muchos cascos de ciudades europeas. De momento, nos conformamos con disfrutar de ello durante unos días en marzo. Cuando los monumentos falleros compiten con los edificios, las calles se llenan de luces y desfilan por doquier las falleras y los falleros, claro, sus trajes son menos vistosos, pero también forman parte del espectáculo urbano. Por las noches, los fuegos artifuciales que nosotros llamamos castillos son un regalo para la vista. Y a todas horas podemos ver el azul y blanco de los pañuelos.

Y por último, la percepción del ambiente. Podemos decir que nos llega a través del sexto sentido o por los cinco a la vez. Notamos la alegría de la gente, el entusiasmo, el momento por el que tantos falleros llevaban casi un año esperando. Los días grandes de la ciudad. Y es la ocasión para reunirse con los amigos: con los de siempre y con los que sólo ves en fallas y en pocas otras ocasiones. Además, vienen visitas de fuera y te ayudan a ver la ciudad y las fiestas con otros ojos. Este entusiasmo y este inicio de primavera se da en la época de fallas.

Y tú, ¿cómo vives las fallas? ¿Cómo percibes tu ciudad o tu pueblo en estas fechas? Y si eres de fuera, ¿cómo se viste tu ciudad durante las fiestas regionales? ¿Cambia la disposición urbanística? ¿Puedes percibir la alegría de las gentes?

 

Ayer tuvimos otra sesión dentro del curso de los Caminos a la Felicidad que estamos realizando en la asociación Desata TU Potencial. Juan Planes nos habló de objetivos, de autocoaching y de pasiones. Si te dedicas a hacer lo que realmente te gusta, lo harás bien como el mejor y serás feliz.

Previamente habíamos realizado unos cuestionarios para orientarnos sobre cuáles son nuestras fortalezas personales. Si os interesan, podéis registraros y hacerlos vosotras o vosotros en la dirección http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/questionnaires.aspx Según los resultados, mi principal fortaleza es la esperanza, el optimismo y la confianza en el futuro. Y es que para mí el futuro es como un proyecto de arquitectura. Y me explico. Yo tengo unos objetivos. El principal es el mismo que el de la gran mayoría de nosotros: ser feliz. Muy bien, pues con éste más importante y con otros, yo me pongo a diseñar mi vida. Si fuera un proyecto también tengo un objetivo, como por ejemplo, una vivienda de dos plantas, con mucha luz, con un espacio fluido, que consuma poca energía y que sea confortable.

Ya sabemos hacia dónde vamos. ¿Y de dónde partimos? Aquí entra el autoconocimiento. El lugar en que me encuentro, de qué materiales y condiciones dispongo. Cada parcela tiene un potencial. Al igual que cada uno de nosotros. Las hay regulares, con buena orientación, con elementos vegetales, espaciosas, cálidas, etc. Lo mismo pasa con nosotros: tenemos unas fortalezas y si las conocemos podemos potenciarlas y sacarles el máximo rendimiento. También hay solares poco resistentes, con irregularidades, con poca luz… Si conocemos los puntos débiles estamos preparados para trabajarlos, para, incluso, aliarnos con ellos. O para cambiarlos en algunos casos. Igual que pasa con nosotros mismos.

Pues bien, una vez que sé de dónde parto y hacia dónde voy, me pongo a trabajar en el proyecto. En todo momento sé que voy a encontrar (pues ésta ya existe) la mejor de las distribuciones. Un diseño óptimo. Y sé que está ahí, así que trabajo hasta que nos descubrimos. Creo que a esto se refería el resultado de mi test. Estoy tan convencida de que existe que no paro hasta hallarlo. Y siempre lo encuentro, o nos encontramos. Hasta aquí la primera parte.

La segunda llega en el momento en que yo defino cada espacio mediante líneas, palabras y sombras. Marco la posición de cada elemento, la forma de cada detalle. Cada medida está reflejada en los planos. Y los materiales. Podrían parecer dibujos y palabras pero para mí son realidades. Una casa o un edificio ya existe para mí antes cualquier intervención física en el solar. Yo lo veo y no me cabe ninguna duda de que así se va a construir. El resultado es ése, con pequeñas variaciones o modificaciones hechas en el transcurso de las obras.

Una de las sensaciones más impactantes que he experimentado en mi trabajo ha sido cuando llego a la obra y ya se han realizado cerramientos o tabiquería. En ese momento ya se ha ejecutado lo que existía en mi mente. Esta parte siempre me impresiona.

Es posible que confíe tanto en el futuro porque estoy acostumbrada a ver materializados los proyectos que he dibujado previamente, o quizá sea una cuestión de hábito. No lo sé. El caso es que me funciona. ¿Tú eres una persona optimista? ¿Crees en el futuro? Es más, ¿crees en el presente? Y te invito a que cultives la esperanza. Y si ya lo haces, a que la alimentes. Es una cuestión de pensamientos. Y creer en el futuro da sentido al presente.

Mi padre siempre ha dicho que el ingrediente más importante para que una comida salga buena es el cariño. Y yo siempre he estado convencida de que la explicación es muy sencilla: cuando realizamos una tarea con cariño, le ponemos esmero, la hacemos con interés. ¿A qué nos lleva esta actitud? A poner los cinco sentidos, a tener el propósito de crear una obra de arte. Cuando nos empeñamos en algo… ¡sale bien!

En mis proyectos procuro poner ese cariño que ellos mismos suelen pedir. Buco soluciones buenas y no descanso hasta conseguirlo. Lo mismo les sucede a mis compañeros, a mis amigos de la carrera. No sé si esto se deberá a la vocación o a la formación que recibimos en la Escuela de Arquitectura. El caso es que le ponemos pasión hasta concebir los mejores espacios con las herramientas que se disponen. Hasta hallar la solución que satisface  a todas las variables.

Y yo, que casi siempre he tenido una visión del mundo con una fuerte componente racional, que siempre he tenido inquietudes técnicas y que no concebía lo que la ciencia no era capaz de explicar… hoy me pregunto: ¿Hay algo más aparte del interés, de la dedicación, de las horas de trabajo que invertimos en una tarea cuando le ponemos ese cariño?

Hace unos días visitamos el monasterio budista de Castellón, donde nos disfrutamos de una hermosa charla sobre la felicidad y la meditación. Antes de comer, cantamos un mantra y enviamos pensamientos positivos a la comida. Yo no sé si esto tuvo algo que ver, pero a todos nos sentó muy bien la fideuá. También recuerdo que cuando iba al instituto bendecíamos la comida y le dábamos gracias a Dios por ella. ¿El cariño se transfiere realmente a los alimentos? ¿Cuando se le pone amor al diseño de un proyecto, éste influye? ¿Y la actitud de los albañiles cuando lo están ejecutando? Yo ya no me atrevo a gritar que no. He construido un espacio en mi mente para las preguntas a las que ya no me atrevo a contestarme que sí o que no de manera categórica.

En los últimos tiempos parece que se habla mucho más de espiritualidad, se ha puesto de moda cierta bibliografía como “El Secreto” y se expanden con cierta naturalidad terapias basadas en la energía, como el Reiki. Y yo me pregunto, “¿me lo creo?, ¿no me lo creo?”.

Pues bien, ¡tengo una respuesta! Cierto o no, el creerlo sólo nos puede hacer bien. En el caso de que, como afirman los más cuadriculados, si no se puede demostrar, difícilmente será cierto, el simple efecto placebo, la ilusión de creer en la fuerza del “amor como energía” o de pedirle ayuda al Universo, simplemente con creerlo, ya nos puede ayudar. Y, por supuesto, existe una componente demostrable: esta fe, esta fuerza, nos va a empujar a trabajar más para conseguir el objetivo en el que creemos. Nos pondrá alerta y atentos para cuando lleguen las oportunidades. Valoraremos más lo que consigamos, ya sea un regalo del universo o el resultado de nuestro esfuerzo y dedicación.

Para terminar, propongo que creamos. Que creamos en la vida, en nuestros objetivos, en nuestras capacidades, en la fuerza del amor y del cariño. Y, sobre todo, que creamos en nosotros mismos.

 

La comparación que quiero compartir hoy hace tiempo que me rondaba la cabeza, pero no había sido capaz de expresarla, de ponerle palabras hasta hace unos días. Y fue en una clase de pnl donde lo terminé de ver claro y después necesité compartirla con mis compañeros. Me resultó complicado explicarlo sin utilizar vocabulario técnico, pero yo creo que lo conseguí.

Bernardo es nuestro profesor habitual. Con él es imposible no aprender o no reflexionar, nadie sale indiferente de sus clases. Cada curso nos imparte uno de los talleres Emilio Mas, que es psicólogo y siempre nos explica y nos enseña cuestiones sobre terapia breve (que no por ello menos efectiva, como diría Bernardo). Hace dos semanas vino y nos hablo, entre otros temas, del “descoloque y el recoloque”. Y yo, por fin, conseguí verbalizar la comparación entre este proceso en una persona y el que puede sufrir  una estructura de hormigón armado.

Antes de analizar qué es eso de descolocarse y recolocarse me gustaría contaros que era la segunda vez que yo veía a Emilio. La primera fue hace aproximadamente un año, cuando nos explicó una técnica para tratar fobias y traumas y después hizo una demostración, para la cual, hacía falta un voluntario. Yo no salí corriendo, pero como no se ofrecía nadie, pues finalmente me lancé a contar mi fobia: los toros, las vacas. Hace años tuve una experiencia desagradable y desde entonces sufría una fuerte reacción ante la sola idea de estar cerca de una plaza con vaquillas. La cuestión es que en esa sola sesión Emilio consiguió eliminar ese miedo irracional y desmesurado que yo sentía. Claramente no voy a lanzarme al ruedo, pero ahora puedo salir a la calle aunque haya toros embolados, por ejemplo. Y sin pensar continuamente que van a saltar la valla y, evidentemente, van a venir a embestirme allá donde yo esté. Si alguna vez has sufrido un miedo irracional, seguro que me entiendes. Aprovecho para decirte que se pueden tratar y superar. Lo sé por experiencia.

Volvamos al tema, al de este año. Al descoloque y al recoloque. Se refiere a situaciones en que alguna cuestión externa o generada por nosotros mismos hace que nos descoloquemos con respecto a nuestro estado inicial. Perdemos la estabilidad durante un tiempo y después nos recolocamos, pero en una posición diferente a la original. Un ejemplo fue una enfermedad que hizo a la persona que la padecía salir del estado de supuesto equilibrio en el que vivía. Le hizo cambiar, modificar su manera de ver el mundo y lo que esperaba de la vida. No sólo superó los graves problemas de salud sino que se recolocó en una posición diferente a la original y claramente mejor, viviendo en un nuevo estado de equilibrio.

Pues bien, esto mismo les sucede a las estructuras de hormigón armado. Que me perdonen mis compañeros y todos los técnicos que estén leyendo, pero necesito hacer ciertas simplificaciones y asimilaciones. Imagina cuatro elementos estructurales en forma de cruz y unidos por un punto. Los dos verticales serán dos pilares de plantas consecutivas. Los dos horizontales son dos vigas. Los cuatro están unidos en un punto, en el nudo. Por como se ha definido y construido la estructura, ese nudo es un empotramiento. Es decir, ni los extremos de los pilares ni los de las vigas pueden moverse con respecto a ese nudo en ninguna dirección. Debido a cargas inesperadas o por movimientos en el conjunto de la estructura, esas vigas pueden entrar en una tensión superior a la que pueden soportar, de manera que el nudo se plastifica, es decir, “rompe” y se convierte en una rótula. Consigue un nuevo equilibrio, se recoloca porque ahora es otro tipo de nudo. Una rótula permite un cierto grado de giro entre las vigas. La estructura se ha modificado pero sigue funcionando en cuanto a que sostiene las vigas perfectamente (solo les permite girar).

No sé si lo has entendido del todo. El caso es que una situación externa o no tan externa nos descoloca a nosotros o al nudo de la estructura. Aparece un cambio para recuperar el equilibrio y nos recolocamos al igual que lo hace el nudo, pero con una nueva forma. ¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Cuándo has sentido que te descolocabas? Puede haber sido una experiencia negativa. Pero el resultado final, el recoloque, nos hace darnos cuenta de que ha valido la pena pasar por ese proceso. El resultado final ha sido positivo.

 

Catharsis. The first time I listened to this word was at my second course in university, in a subject called Aesthetics and Composition. Aranda, our teacher, explained to us that one of art –and architecture- objectives was a cathartic function. I cannot remember if it was in our spirit, mind or wherever. The artist, through his creation, becomes free or he lets off steam from his anxieties or worrying emotions.

All of us we have in our memories the image of an artist from cinema or literature who is desperate and at that moment hi is capable to do his best creations. Emotions and passions that torture him are the cause of those works. And he or she achieves to become free from those worries.

Catharsis refers to that liberation through an art production. An architecture work, a novel, or a painting will depend on the emotional condition of its producer at the moment of creation. I thing all of us have felt that sensation in some moment. How do you express when you have a big emotional load? I refer to creations that free you. They become the container of those emotions. That’s the reason because there are so much expressive.

Have you ever written in an automatic way? Sometimes we are sad or angry and we transfer in a paper our feelings directly, don’t thinking what we are noting. It’s a way to relieve. We drop a part of them in the paper. Those texts are usually very strong. Nevertheless, if we are calm and we write, our narrations will be lighter.

I’ve felt this sensation of catharsis through two means: spaces and words. In the moments on biggest emotional worries I’ve designed surprising spaces, even for myself. In addition, I’ve achieve the calm. I’ve shown that writing. In the emotionally stronger moments of my life I’ve written incredible texts. And I could put up with the situation because of writing.

How do you express your strong emotional moments? Do you write songs, do you pint, do you dance, do you draw? What way do you channel your emotions by? If you know it, you can start the activity when the emotion arrives. So you will do a good work and you will free your feelings.

In my emotional management classes I ask the teenagers if they can identify anger, sadness, or fear as good or bad emotions. They say, quickly, “bad”. Next question is if are they always bad. Afterwards I use examples where a moment of anger emotion or a bit of sadness is positive. In the same way, so much joy or enthusiasm maybe not good. Could we say that we enjoy ourselves from some art works created because of a horrible moment in the author life?

Finally, all we have one or several ways to express our strong emotions. We can use them to achieve our wellness. We start today!

A nadie le cabe ninguna duda que para que una estructura funcione bien son indispensables unos buenos cimientos. Para cada edificio diseñamos y calculamos la base, el apoyo, y lo hacemos teniendo en cuenta dos factores: la edificación y el terreno. Y esto es lo primero que se construye. Todos lo tenemos tan claro que “empezar la casas por el tejado” se ha convertido en una expresión popular.

Como las zapatas, las losas u otros tipos de cimentación están enterrados, no se ven. Pero cualquier deficiencia en su diseño, cálculo o construcción hará mella en el edificio. No podemos bromear con esta parte de la estructura. Recordemos que Dios lo ve todo.

Y lo mismo ocurre en la edad más temprana de las personas. Lo que suceda en los primeros años de vida es esencial. Todos sabemos que un recién nacido, además de tener necesidad de alimento y cobijo, requiere de amor. Y en realidad este cariño lo necesitamos toda la vida. Somos seres sociales y, a pesar de que a algunas personas todavía les cueste reconocerlo, necesitamos afecto.

Lo que sucede es que la falta de afecto en los primeros años de vida de un niño puede causar heridas importantes y puede llevarle, incluso, a tener comportamientos disfuncionales en la edad adulta. El bebé necesita el apego materno y es un requisito casi imprescindible para que tenga un sano crecimiento emocional. Según algunos especialistas, la falta de amor en los primeros años de un niño puede causarle enfermedades.

Todo esto ya lo sabemos o lo intuimos de algún modo, así que vamos a poner todo lo que esté en nuestras manos para que los niños crezcan con amor. Evidentemente, lo estáis haciendo ya con vuestros hijos, pero vamos a ir más allá. Si yo paso por una obra con la que no tengo nada que ver y, casualmente, veo que un operario está añadiendo agua al hormigón con el que va a construir los cimientos, estaré en la obligación moral de pedirle que detenga esa práctica peligrosa. Y si hacemos esto con un edificio… ¿cómo no vamos a movilizarnos con un niño? Aunque no lo conozcamos. Por suerte cada vez hay más sensibilización social. Y yo confío en que todos nos impliquemos más en cuestiones relativas a la niñez, no solo de nuestros hijos o niños próximos a nosotros, sino de todos. Seguro que tenemos ocasiones.

La buena noticia es que la base se puede reparar. Existen técnicas más o menos sofisticadas para intervenir en la cimentación de un edificio construido. Podemos reforzar y solucionar deficiencias en zapatas y losas. Lo mismo sucede con las personas. Los psicólogos hablan de resiliencia. Ya hemos comentado de este concepto en otras entradas y es la capacidad que tenemos para recuperarnos psicológicamente de heridas emocionales. Como ya vimos en Rejas, Muros y Contraventanas, personas que han estado en un campo de concentración durante la niñez o que han sufrido algún tipo de abuso han sido capaces de recuperarse y disfrutar una vida absolutamente normal.

Amiga, amigo, si sientes alguna herida en tu alma, ya sea generada en los cimientos de tu vida o en algún punto de tu estructura más reciente, recuerda que se pude sanar. A veces, darse cuenta de que algo tiene solución es el primer paso para acercarse a ella.

Y para terminar, me gustaría repetir lo importante que es el afecto. En todos los momentos de nuestra vida y, especialmente en la niñez. Vamos a tener presente que todas las heridas emocionales se pueden sanar y la mayoría de veces lo más necesario para curarlas es amor. Parece la fórmula mágica… ¡y quizá lo sea!

Mi amigo Raúl me acaba de enviar un correo. Un cliente les ha pedido presupuesto. Tiene una parcela y pretende construir una vivienda. Ha contactado con ellos porque son una empresa de construcción y realizan la parte técnica como aparejadores. Como otras veces, yo calculo los honorarios de redacción del proyecto y la dirección de obra.

Hasta aquí, todo normal. Lo que me ha irritado es la última frase del mail y la copio textualmente: “El promotor nos ha comentado que va a precio, así que a darle el mejor precio que podamos”.

Yo le he sacado una hoja con mis honorarios, con lo que incluyen y con determinadas cláusulas. Junto a este presupuesto le envío una carta y le pido que se la de al cliente. Sí, que le entregue el presupuesto de la construcción, del arquitecto, del aparejador y el siguiente texto:

Estimado promotor:

Aquí tiene los honorarios que ha solicitado para construir su vivienda. Como su objetivo es encontrar los más económicos, siga buscando, seguro que encuentra a alguien que lo hace más barato. Seguro. Ahora bien, ¿no le interesaría tener una vivienda BIEN construida? ¿No le apetece disponer de un proyecto bien trabajado, en el que se tengan en cuenta todos los parámetros de su caso en lugar de copiar los planos de otro proyecto con condiciones totalmente diferentes a las suyas?

Si yo cobro lo que cobro por realizar mi trabajo es porque tengo unos conocimientos, una experiencia y porque voy a dedicarle una cantidad de tiempo. ¿Sabe que puedo hacerlo en menos tiempo? Sí, será más rápido no tener en cuenta el diseño de la estructura desde el inicio. De este modo los pilares, las vigas, los huecos de la escalera y demás elementos estarán donde estén y finalmente eso repercutirá en la cantidad de  acero que lleve su estructura y en el trabajo de los encofradores, querido promotor. Entenderá ahora que ahorrar un poco de dinero en el trabajo de un técnico repercutirá económicamente en los trabajos de la obra.

Como se suele decir, lo barato… Pero no sólo durante el transcurso de la ejecución. Una vez concluida, la vivienda gasta energía, ¿le da lo mismo consumir más o menos electricidad a lo largo de toda una vida? Pues esto depende de dos factores: del proyecto y de la construcción. Hace años que dirijo obras construidas por la empresa que le ofrece este proyecto y le aseguro que lo hace bien, no sólo lo que se ve porque…  hay muchos elementos en la obra que no se ven. He encontrado ventanas con problemas de condensaciones a los pocos meses de estar instaladas. Morteros de mala calidad. Instalaciones deficientes. Goteras. ¿Sabe lo que cuesta reparar un defecto en la impermeabilización de la cubierta una vez que la vivienda está concluida y la empresa ha desaparecido? Le aseguro que mucho más que hacerla bien desde el principio.

Y todo esto, sin tener en cuenta la parte estética, la que sí se ve. ¿Le da lo mismo tener los azulejos bien o mal colocados? ¿Le importa tener defectos en los marcos de sus puertas? ¿Y los sanitarios mal conectados a la red de fontanería? Y así podría seguir con ejemplos y más ejemplos.

¿Y la figura del aparejador o arquitecto técnico? A veces está muy poco valorada. Algunos clientes ni siquiera entienden por qué hacen falta. Pues yo lo explicaré: supervisan cada paso que se da en la obra. Controlan desde cada armadura de la estructura hasta la calidad de cada ladrillo. Así es. Y además, son los coordinadores de seguridad y salud. ¿Sabe que si sucede algo en el transcurso de las obras, además de los daños emocionales que le pueda causar, es corresponsable como promotor y, por tanto, agente participante? ¿Y sabe por qué no suceden más desgracias? ¿Por casualidad, con todos los riesgos que conlleva la obra? Pues no, no es por casualidad, es porque un técnico minimiza esos peligros.

Antes de despedirme, una última pregunta. ¿Cómo elige uested a su dentista o a su cirujano? ¿También por precio?

Atentamente,

MªÁngeles Rivera Corbalán

Arquitecta colegiada 10.586 por el Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana.

Aquí terminaba la carta, pero yo sigo escribiendo.

¿Y nosotros, arquitectos, qué estamos haciendo? Ante la desesperación causada por este entorno hostil estamos compitiendo entre nosotros, hemos entrado en una batalla de precios. ¡Vergüenza me da a veces lo que sucede ante mis ojos!  ¿Dónde está el corporativismo? ¿Acaso no somos compañeros? ¿Acaso no estamos todos en el mismo barco? ¿Cuándo vamos a empezar a remar al unísono en lugar de ponernos zancadillas entre nosotros? ¡Basta ya! Empecemos a valorarnos, a darle a esta profesión el prestigio que se merece. ¡Somos profesionales!

A mis lectores habituales, gracias por haber leído esta entrada. Tiene un tono diferente a las que estáis acostumbrados, pero me he sentido con la necesidad de exteriorizar estas inquietudes y he aprovechado el blog como medio para difundirlo. Eso sí, el próximo domingo retomamos la Arquitectura y las Emociones con ese tono amble que intento utilizar para despedir -o iniciar- la semana.

Please, take a pencil and some paper. Draw a house.

Do you have it? Very good! Watch your sketch. It is nice… I am sure. Have you drown it with any window? How are they? Are they small or big ones? Are they the main characters on the façade? There are so many texts about windows! There are books about how to build them, their elements and materials, their functions, etcetera, etcetera. But what I am interested in about is the size of windows.

What are they used for? On one hand we want ventilation and natural light in our houses and buildings. On the other hand, we want to see what is there outside, communicate visually with exterior. So I think the better option is projecting and building big windows… huge ones, in the whole façades! But we are not doing it. Why?

Traditionally in Spain, we have built small windows, especially in the interior of the country, where weather is colder. But if we travel to Holland ore other countries in the North of Europe, we can see huge windows. Sometimes the whole façade is on glass. Why haven’t we done the same? The first reason is economic. To build big and thermally efficient windows is more expensive. What’s more, in some regions of Spain we try to protect our houses from the sun. Also there is a question of privacy. With a big hole on the wall you can see the exterior world, but exterior world can see you too. And latter, because a security subject. We usually try to solve it with grilles or another system.

This introduction about windows in buildings is not strict nor technique. There is lots of biography about this subject. What I want to do is a small thought about what are windows used for and why are they big or small ones and, the most important… how are your windows? Not those of your house, but your own ones… how are your eyes are and how do you watch the world.

The first thing, how much light do arrive to you? Do you take all or do you have some shutters and curtains? Be careful because light is filter in them. What color are your glasses? If they are gray I support to you to change them. There are fabulous glasses in pink. With them you can watch life on that color. I usually wear glasses in transparent, to absorb all the light.
Do you often open your windows? To ventilate spaces. If you bring fresh air, you will feel better. If you don’t know how to do it, I explain to you. It’s very easy. You have just to open your eyes strongly and wait for the breeze. Just find it!

Sometimes we live so extremely situations and they are dazzling for our spirit. Let’s live and enjoy them! If situations are unpleasant, close a little your shutters. Not totally, it’s not good to scape from emotions. But have them with a small intensity.

What do you see through your windows? Please, say “beautiful landscapes”. If not, you haven’t enough opened you windows. Take curtains off and watch carefully: there are nice places everywhere. Find them and enjoy yourself. What people are there? If you don’t see them, install some sensors. There are lots of wonderful people and good moments by you. Have your windows opened to watch them.

If one day you feel tired or sad, you can close a little your shutters. Take a rest, have some time to recover, but just the necessary. When you become well, open your windows again and clean your glasses totally. Don’t stay quiet more of necessary.
And, to finish, what people see through your windows? I wish you say light, freshness, and happiness. If not, repair your windows. What is the best material to do it? Plastic, aluminum…? The best one is a big smile. With it you will have the most beautiful windows!!  How are yours?

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